Orgullo de ser paceño

Publicado en 20/10/2011

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Aunque me declaro enemigo del regionalismo y el nacionalismo, causas profunda de la intolerancia y la guerra, no puedo sino sentirme realmente orgulloso de ser boliviano y paceño tras la emocionante y conmovedora recepción que dimos miles y miles de habitantes de esta ciudad a la heroica marcha de los hermanos moxeños, tsimanes y sirionó, acompañados de aymaras y quechuas del CONAMAQ, mineros, maestros, universitarios, trabajadores… En fin, gente de todos los estilos de vida, de todos los antecedentes, de todos los colores y sabores, justo como los que formamos la población de este terruño que llamamos Bolivia.

Era inevitable, perdonarán la sensiblería, que se me llenaran los ojos de lágrimas al ver llegar con paso triunfal, con una mezcla de cansancio evidente y enorme dignidad, a esos hermosos hombres, esas bellas mujeres y eso niños increíbles tomar la Plaza Mayor de lo que muchos creyeron sería solo un pueblo grande. Y tan emotivo como ello, fue ver cómo las más diversas personas, con las más diversas formas de pensar, hacían un solo bloque, una unidad férrea para rechazar en coro, cada quien tendrá sus motivos y es legal y legítimo que los tengan, el atropello, la soberbia, la destrucción de nuestro patrimonio, de la herencia que queremos dejar a nuestros hijos.

Cierto, hubo alguno que otro oportunista que trató de llevarse el agua a su molino. De nuevo, la enorme dignidad tanto de los marchistas como del pueblo paceño dejaron muy claro el mensaje: no vamos a dejar que nos expropien nuestra lucha. Esta es la lucha de todos, aquí no hay colores partidarios que valgan, no hay otros líderes que los líderes natos de la sociedad civil, no hay pagos, amenazas ni cuotas forzosas.

Trataron de achacar una supuesta búsqueda de enfrentamiento: La marcha fue un ejemplo de pacifismo. Trataron de achacar una supuesta manipulación política: El recibimiento fue un ejemplo de civilidad y solidaridad. Trataron de achacar una supuesta falsedad de las reivindicaciones: La contundencia del rechazo a la criminal carretera fue un ejemplo de lucha popular. Lucha además espontánea y sincera, quizás desorganizada pero muy, muy sincera.

Aunque tengo un profundo respeto por las creencias de la gente, mucho más cuando ésta fue una solicitud de los propios marchistas, creo que la nota baja fue la misa celebrada por la jerarquía de la iglesia católica, pues fue un acto impertinente y que produjo la rápida reducción de la masa de gente que estaba ahí por una demanda social, no para escuchar una misa.

No obstante esta falla en la organización no hace que la jornada haya sido menos histórica. Una cosa es presenciar el desarrollo de la historia en la televisión o por Internet, otra cosa, que genera recuerdos que perdurarán por toda una vida, es hacerla. Y ayer, 19 de octubre de 2011, una vez más, con su tenacidad, solidaridad y profunda consciencia social, con su ajayu único y admirable, La Paz, junto con los hermanos marchistas, La Paz hizo historia.

Esteban

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