Evo 1 – Bolivia 0

Posted on 22/12/2006

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Anoche fue decidido que el sistema de votación de la Asamblea Constituyente no se discute más. La visión personalista fascistoide superó a la visión liberal legalista. La futura Constitución será redactada a imagen y semejanza de la esquizofrénica filosofía del MAS, por la razón o por la fuerza, y la inoperante oposición conservadora mirará de palco. Salvo que en el referéndum del próximo año gane el “NO”, cosa que tiene tantas probabilidades como que el Real Potosí llegue a la final de la Copa Libertadores el próximo año.

Y es que el debate no fue sobre un problema metodológico. El trasfondo filosófico-político ha sido, por primera vez en muchas lunas, absolutamente preponderante. Sin embargo, aunque la argumentación de fondo fue en realidad lo que debería hacerse en política siempre, la forma cómo se aterrizó esas filosofías contrapuestas ha sido y aún es estúpida de cabo a rabo.

¿Cuales son estos trasfondos filosóficos? Algunas de sus caraterísticas son: visión neoconservadora vs. visión post-estructuralista; visión demócrata-liberal vs. visión social-populista; vox plutarchii vs. vox populi; ejercicio de la dialéctica vs. la imposición del vencedor. Para no hablar como sociólogo y que la gente me entienda, unos creen en que mediante el sistema democrático liberal es posible y necesario frenar la destrucción de las estructuras de poder y su sustitución por otras nuevas, y los otros creen que de la legitimidad de representar “al verdadero pueblo” deriva el rol histórico de sustituir las élites tradicionales por una nueva élite, derivada a su vez de una mezcla de lo étnico y lo corporativo. Mientras el grupo más conservador defiende los principios democráticos con la idea de que el respeto a las minorías es fundamental a la convivencia, el grupo autonombrado revolucionario claramente y abiertamente muestra que no cree en la democracia en su concepción occidental y plantea, como ya lo intentaron innumerables regímenes, a cual más terrorífico, ponerle un adjetivo que relativice el término.

Ante esta contraposición que, finalmente y por puro Hegelianismo, es saludable, se le ponen instrumentos no solamente de imposición por la fuerza, pero además de imposición de los instrumentos jurídicos erróneos. En efecto ambos han estado discutiendo sobre algo que no es aplicable a un sistema constituyente mediante asamblea/referéndum. La cuestión sobre comisiones/subcomisiones/votación en grande, detalle y revisión se ha concentrado en el debate de los dos tercios cuando de inicio el propio uso de una metodología legislativa normal y ordinaria es un error garrafal.

Ya que de todas formas nadie me va a dar pelota y ya la discusión se ha cerrado, sean indulgentes conmigo y permítanme señalar cómo hubiera hecho yo las cosas:

1) Las comisiones debieron ser divididas por temas de la constitución y no por cosas medio esotéricas como “visión de país”, ¿qué rayos hace una comisión de “visión de país”????

2) Los informes de las comisiones, esos que contienen propuestas de redacción de artículos específicos, se aprueban por mayoría. Si la minoría tiene alguna objetción, su mecanismo es presentar un otro informe, llamado justamente informe por minoría, donde se propone una redacción alternativa de ese artículo

3) Cada artículo es tratado por el pleno a medida que llegan los informes de comisión. Como todavía no hay un texto completo de la Constitución, y como el pueblo soberano ya ha aprobado la idea de que la CPE sea reformada o reescrita, no hay votación en grande. Se vota artículo por artículo

4) La votación artículo por artículo en el pleno sí es por 2/3. Esto es vital no solo porque la ley dice que se haga así sino sobre todo porque el sistema democrático requiere para su superviviencia una dinámica de frenos y contrapesos. Si ninguno de los informes de comisión, por mayoría o por minoría (primero aquél y luego éste), logra los 2/3 en la votación del artículo propuesto, se devuelve a la comisión para que se intente una redacción alternativa.

5) Los artículos que sean devueltos a las comisiones deben ser reescritos por consenso. Para ello las comisión deberían poder llamar a audiencias, llevar el debate a la agenda pública para encontrar salidas. Y, como una Constitución Política del Estado es por definición un Contrato Social, es la expresión de los puntos de encuentro de toda una nación, el hecho de que un artículo no encuentre una salida de consenso significa que ese artículo o los puntos de él que provoquen desacuerdo deben ser descartados y archivados.

6) Completado el trabajo de aprobación de los artículos uno por uno, se remite todo el bocho a una comisión especialmente conformada para ello que se llama de concordancia y estilo, que no puede tocar el fondo de los temas, solamente ordenar los artículos, ponerlos en bonito y sacarles lustre. Si hubieran contradicciones entre dos artículos, esta comisión debe devolverlos al pleno para que se decida cuál está fuera de tono.

7) Lustradito y bonito, se da una última aprobación, no en revisión como sería para cualquier norma ordinaria, sino solamente de visto bueno al trabajo de la comisión de concordancia y estilo. ¿Porqué? Porque sola y únicamente el soberano puede aprobar el texto final y completo.

8 ) Se publica el resultado del trabajo con gran pompa y circunstancia, se difunde, se enseña, se discute, nos peleamos bien bonito, como nos gusta, y decidimos en referéndum popular si el trabajo fue bueno o si hemos perdido miserablemente el tiempo.

Como pueden ver, según este planteamiento la Asamblea Constituyente es una asamblea redactora. Quien sanciona y promulga es única, exclusiva y excluyentemente el soberano.

La realidad, sin embargo, es otra. Irónicamente, la Asamblea Constituyente sí se ha convertido en una comisión redactora, pero quien promulga, sanciona, pone en vigencia y tiene todos los poderes sobre la nueva constitución es sola y únicamente un partido político.

Triste noticia para la Navidad.

Esteban

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