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Posted on 17/01/2007

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¡Saludos! Heme acá de regreso en La Paz, después de unas -creo que merecidas- vacaciones, solo para enterarme con mucha tristeza de la muerte absurda e innecesaria de dos jóvenes bolivianos. ¡Vaya humor con el que me agarran para hacer el análisis del primer año del gobierno masista!
 
Pero como toda promesa es deuda, allá van mis percepciones.
 
Habrá que plantearse de inicio la pregunta: ¿Es malo el gobierno de Evo? Más allá del preconcepto que por mis propias convicciones ideológicas me determina a responder que todo gobierno es malo por definición, creo que vale la pena hacer un esfuerzo un poco más grande para responder la pregunta.
 
En los 364 días que van de la espectacular posesión el presidente Morales, hay que admitir que no todo ha sido oscuro. Especial mención merece, por ejemplo, esa nacionalización sin nacionalizar. Los méritos probablemente no sean del propio Evo, y las consecuencias a mediano y largo plazo aún están por verse, pero tiene el enorme mérito de haberle puesto un punto final brillante a la absurda y suicida exigencia de los “Sectores Sociales” (desde ahora los llamaremos S.S., cualquier semejanza con otras cosas no es mera coincidencia) de reestatizar toda la cadena petrolera, upstream y downstream. También son dignos de aplaudir el plan de alfabetización, aunque con resultados poco claros hasta ahora, la ampliación de la cobertura de salud, también con cuentas poco claras a la fecha, y sobre todo la dignificación de Bolivia frente a la comunidad internacional.
 
En efecto, los más duros críticos del régimen suelen argumentar que Bolivia queda como un paria en el concierto internacional, que ya nadie pensará en invertir en Bolivia y que somos el hazmerreír de la región, pero yo con toda franqueza creo que se equivocan. Lo que aparenta ser estupideces, como pedir visa a los estadounidenses o exigir cuentas del cumplimiento de sus contratos a las transnacionales han provocado que el mundo preste atención a lo que sucede en este país que hace poco nadie sabía dónde estaba. Y para una sociedad con la autoestima tan terriblemente baja como la boliviana, eso no puede sino ser muy bueno. Así sea a costa de payasadas.
 
¿Es entonces el gobierno de Evo bueno? No. Para nada. Estos aciertos, aunque importantes, no compensan la larga lista de sandeces cometidas en el último año. Desde la desinstitucionalización y desmontaje del poco Estado que teníamos hasta el discurso confrontacional y provocador, desde las acusaciones gratuitas a las personas más honorables del país hasta la persecución política, desde los muertos de Huanuni hasta los muertos de Cochabamba, desde el armado filosófico-político enraizado en una corriente no probada y sumamente peligrosa hasta la praxis negadora de la individualidad, desde el desprecio por la democracia como sistema de convivencia pacífica hasta la búsqueda del poder absoluto y a cualquier costo, este es uno de los gobiernos más funestos, oscuros y dañinos de nuestra historia.
 
Pero no es un tema de si Evo o no Evo. No se trata de desconocer el momento histórico. Bolivia ha pervivido desde su fundación en un tejido social absolutamente perverso, basado en el odio y la exclusión, en el temor al que es diferente, en mantener la ignorancia de la mayoría, en una especie de apartheid no declarado, mucho más sutil que el Sudafricano pero no por ello menos cruel. Esta repetición de la “violencia simbólica” que tanto le gusta a García Linera y sus S.S. solo puede ser rota de dos maneras. Una, la pacífica, civilizada y democrática, que a través de los instrumentos institucionales como la Asamblea Constituyente y las autonomías permitiría una transición, llamémosle un “abuenamiento” para que nos reconozcamos todos como conciudadanos con los mismos derechos y obligaciones. La otra manera es la de Evo.
 
Desde esta modestísima palestra solo puedo desear con todas mis fuerzas que el salvajismo cese y encontremos la vía de la paz y la reconciliación, antes que sea demasiado tarde.
 
Esteban
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Posted in: Evadas