Sírvase este “bifecito” (de: Juan Cariaga) y En defensa del bife paceño (de:yo)

Posted on 05/02/2007

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En esta oportunidad no hablaremos de economía. Hablaremos de salud, salubridad y de control de la salubridad que, como no podía ser de otra manera, finalmente, nos llevará también a hablar de economía, dado que la salud y la salubridad tienen importantes implicaciones sobre el comportamiento económico.

Al respecto, déjenme comenzar diciéndoles que, durante el curso de esta semana pude ver, con absoluto asombro y repulsión, cómo la organización de protección a los animales, Animales SOS, en presencia de un funcionario del Senasag, dependiente del Ministerio de Agricultura, denunciaba, a través de un importante medio de comunicación visual, que la carne que se consume en La Paz y en la mayor parte de las zonas urbanas, no es apta para el consumo humano. Esto, debido a que la misma se encuentra altamente contaminada con toxinas, que se originan en la forma en que se trata y se faenea a los animales en los diferentes mataderos del país.

Según la denuncias de Animales SOS, la forma inhumana y primitiva en que se da muerte a los animales en los diferentes mataderos —legales, clandestinos, públicos y privados— conduce a que éstos generen en su organismo un alto grado de adrenalina, que termina contaminando su carne, con elevados niveles de toxicidad.

Al parecer, en los mataderos bolivianos todavía se utiliza el sistema de golpes y otros tratamientos parecidos para dar muerte a los animales que consumimos en las zonas urbanas, en vez de utilizar la moderna técnica de adormecerlos mediante un martillo neumático que, junto a otros tratamientos, conducen a que los animales mueran en condiciones de paz y tranquilidad, evitando, de esta manera, la generación de elementos que son nocivos y dañinos para la salud humana.

Asimismo, ha denunciado que los animales recorren largas distancias, subidos en estrechos camiones, sin espacios suficientes para descansar, absoluta falta de alimentación y de agua, y un permanente maltrato, sobre todo, cuando el animal intenta reposar. En algunos casos, se les inflige graves heridas, que se infectan durante el transporte o se les rompe las extremidades, a fin de permitir el transporte de un mayor número de animales. Naturalmente, este daño infligido, así como las heridas infectadas, hacen que el animal genere otras toxinas, que son dañinas para la salud y que hacen que esta carne no sea apta para el consumo humano.

Por último, igualmente grave parece ser el caso del transporte y la faena de cerdos que, al parecer, se hace en recintos cerrados, donde los animales no reciben aire suficiente y, ni qué decir, de agua o alimentación. Por otra parte, debido a la insistencia de los sindicatos de matarifes, la faena de los cerdos, así como la de los otros animales, se hace en grupo, aspecto que también incrementa la generación de adrenalina, al prever los animales su pronta muerte. Lamentablemente, el caso de los pollos no es muy diferente. Al parecer, éstos también son muertos a golpes, lo que resulta muy visible al observar la concentración de sangre que aparece en la carne de algunas de estas aves.

La pregunta es: ¿Y qué hacen las autoridades al respecto? La respuesta es: siguen haciendo lo que siempre han hecho: ´politiquería´, sin importarles la salud del pueblo, la salubridad de sus propios mataderos o la escandalosa existencia de mataderos clandestinos.

Al parecer, prefieren seguir organizando ´bloqueos´ , movimientos sociales con fines absolutamente políticos u observando cómo desfilan las organizaciones del agro, portando armas y exhibiendo pasamontañas que atemorizan a la población, al ocultar sus rostros.

La politiquería tiene que terminar. Los gobiernos que elegimos deben estar ahí para gobernar y administrar el país. La salud y la salubridad son parte importante de esta administración y la garantía de que los bolivianos vivamos en mejores condiciones.

*Juan L. Cariaga
es economista y escritor.

Me extraña, Cariaga. Usted no es de las personas que se chupen a priori las absurdas y peligrosas generalizaciones que suelen hacer las ONGs. Mucho peor Animales SOS, que es como si a Greenpeace le hubieran extirpado el cerebro y dejado solamente las vísceras. Sí, Cariaga, Animales SOS es una ONG como tantas, mucho más valiente que sabia.

Si nuestra carne es tan malsana, ¡cómo será la que se consume el los países desarrollados! Vea, los bajos aunque crecientes índices de obesidad en Bolivia no se deben solamente a la desnutrición de un altísimo porcentaje de nuestros compatriotas. El problema es otro: solamente el 20% de la carne del altiplano que se consume en La Paz (no sé cómo será en el interior) es faeneada correctamente y en condiciones aceptables de sanidad. ¿Adivine de donde viene ese 20%? Sí, del Matadero Municipal de Achachicala, concedido a la empresa privada Agromex hace ya un par de años. De ese matadero que usted tan suelto de cuerpo dice que es un antro insalubre.

Por supuesto, estos son los argumentos que un activista del vegetarianismo va a esgrimir. Para una persona así, y no del todo falto de argumentos científicos, evidentemente la carne por sí misma es tóxica. Como el azúcar. Pero para una persona que no es víctima de la paranoia colectiva de los posmos californianos, resulta que la carne que se comercializa desde Achachicala es muy aceptable. No es transgénica, los animales han sido alimentados como la naturaleza manda, su derribe no se hará con métodos de última tecnología pero sí implica dejarlos inconcientes antes de su muerte, al contrario de lo que usted afirma; no hay vacas locas, no hay fiebre aftosa en el Altiplano, los niveles de grasa son muy bajos en comparación a otros lugares, no hay prácticas de engorde forzado por inmovilización o sobrealimentación…. Un lujo de carnes.

Me extraña, Cariaga, que usted como economista y mucho peor como economista de la ideología que usted defiende (y sí, todavía nos acordamos de 1985) lance esta sarta de generalizaciones e incorrecciones en detrimento de una empresa privada que hasta ahora ha cumplido como debe su contrato de concesión, ha logrado su certificación por el SENASAG y va subiendo de categoría año a año, está al día en su cronograma de inversiones, paga sus impuestos como debe, aporta parte de su ingreso al Municipio y todo esto teniendo que competir contra mataderos clandestinos que no respetan nada ni nadie, en un mercado donde el consumidor vive desinformado precisamente por afirmaciones como la suya.

Lo invito, Cariaga, a que para su próxima parrillada, compre carne certificada con el sello azul. Se va a chupar los dedos.

Esteban

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