Aquí lo puse y no aparece

Posted on 09/03/2007

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Primera escena: En un show casi hollywoodiano, el ejército encabezado por su mismísimo Capitán General toma los pozos petroleros, las refinerías y hasta los surtidores (incluido uno ubicado en la calle 23 de Calacoto, ¡cerrado desde 1997!).

Segunda escena: El gobierno en gran pompa y circunstancia, ante unos cuantos miles de espectadores y con un tremendo despliegue firma cuarenta y cuatro contratos de operación con las compañías petroleras transnacionales, y no tanto, que trabajan en Bolivia.

Tercera escena: El presidente (¿Ad-hoc?) de Yacimientos Petroleros Fiscales Bolivianos da en conferencia de prensa y ante los representantes nacionales unas entreveradas y poco creíbles explicaciones sobre los errores, contradicciones y suplantaciones de documentos que impiden que los nuevos contratos petroleros entren en vigencia.

¿Cómo se llama la Obra?

El debate se centra a partir de hoy precisamente en ponerle un nombre. ¿Olímpica incompetencia o sospechosa circunspección?

La maleteada es evidente, no es necesario darle más vueltas. Los así llamados por el gobierno “errores de forma” son muchos y muy graves. Graves hasta el punto de la nulidad. La pregunta ahora es si realmente fueron chambonadas de un equipo inexperto liderado por un arribista por excelencia o si se puede hablar de mala fe.

No son pocos los elementos que impiden desechar la sospecha. La renuncia consecutiva de dos presidentes de YPFB, un Ministro de Hidrocarburos y tres Superintendentes de Hidrocarburos da una buena pauta del mal olor del negocio. Si a esto se agregan las declaraciones incendiarias de algunas de estas ex autoridades, la surreal confesión del señor Morales Olivera y la opinión fuertemente crítica de expertos en el tema sobre las consecuencias de estos contratos, además de elementos trasversales como el habitual doble discurso del gobierno, las constantes contradicciones de los pesos pesados del MAS y el mismo hecho de que la supuesta nacionalización sea todo menos eso, tenemos elementos de peso para creer que la no protocolización de los contratos no es mera casualidad.

Hay que admirar la gran capacidad del gobierno para minimizar el enorme daño causado. El hecho es, con o sin mala fe, que el Estado no está percibiendo los recursos que había proyectado. Cualquier funcionario público sabe que esto es, en el marco de la Ley SAFCO, daño económico al Estado e implica, por lo menos, la responsabilidad civil de los implicados.

Al Presidente, que se va a encontrar con el enredo hoy a primera hora después de su viaje por el Japón, no le queda otra que pedir al señor Morales Olivera su renuncia inmediata, por lo menos. Aunque conociendo el sistema de lealtades del MAS, demasiado parecido al que tenía otro presidente nefasto, ese que decía “prefiero un gramo de lealtad a un kilo de inteligencia”, no me extrañaría en absoluto que el presidente Morales le de su espaldarazo al otro presidente Morales.

No es que el Beni se haya inundado, es que el país se hunde.Esteban

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