Cambiar todo para que todo siga igual

Posted on 27/06/2007

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Cuando nos acercamos a cumplir los 18 meses desde la pomposa y teatral ceremonia de Tihuanacu que consagró al hermano Evo como cacique supremo y, mucho más grave, al momento en que la Asamblea (des)Constituyente empieza a sacar sus conclusiones (y nosotros las nuestras), es bueno detenernos un momento y mirar qué, hasta ahora, exactamente es esto del “proceso de cambio”.
Todo análisis coyuntural normalmente tiene tres puntos de vista: el político, el económico y el social. En ese orden veremos pues qué cosas han cambiado (favorablemente) y qué no ha cambiado o ha cambiado para peor.
Desde el punto de vista político, evidentemente, han habido muchos cambios. O al menos así parece. Primero y antes que nada, está claro que la vieja relación etnoelitaria se ha resquebrajado. La vieja élite blancoide, al menos en el occidente del país, ha caído en desgracia, políticamente hablando. Los partidos como plataforma de debate público si no están muertos andan de parranda. El último rastro de esta forma de división del escenario político, PODEMOS (aunque se autodenomina Agrupación Ciudadana) tiene muy serios problemas de cohesión hacia adentro y de credibilidad hacia afuera. Cierto es que le ha ganado alguna que otra batalla al MAS (recuerdo en especial el tostazo de los “Rugrats”), pero en general funcionan estrictamente a reacción y suelen estar dos días atrasados con respecto a la agenda pública. Tanto es así que se ha tenido que configurar una nueva forma de oposición: la confrontación desde las regiones.
Por otra parte, el MAS ha logrado posicionarse como mucho más que un simple partido político. Si las estrategias del amigo Leneras han servido de algo, ha sido para establecer una hegemonía política muy fuerte y coherente a pesar de la heterogeneidad de sus miembros y la incompetencia de sus élites.La campaña de desprestigio asumida contra las pocas personas respetables del “ancien régime” ha sido asquerosa, vil, criminal e inhumana, pero debo admitirlo: ha sido brillante políticamente hablando. Lo mismo que el recorte de salarios a los funcionarios públicos y la masacre blanca en la que el MAS no se ha manchado las manos: más que masacre blanca fue un suicidio colectivo de la vieja clase media burocrática inducido por el maltrato al funcionario. En otras palabras, el desmontaje del aparato político creado por el MNR ha funcionado a la perfección.
¿Han cambiado las cosas en este ámbito entonces? No. Como sucediera hace ya muchos años en el viejo mundo, se ha sustituido el despotismo ilustrado por el despotismo bárbaro. El desmontaje del aparato de enquistamiento patridocrático ha servido para montar un aparato monopartidario, casi soviético. La anulación de las élites políticas ha servido para reemplazarlas con dirigentes sectarios y aún más clientelares que antes. Los tecnócratas han sido reemplazados por vividores dueños de ONGs. Y la corrupción funcionaria no ha disminuído en lo más mínimo. No solo no ha cambiado la cosa, ha empeorado. Lo único que sí ha cambiado, para mejor, aunque le duela a la vieja burguesía culiblanca, es que se ha visibilizado la “otra Bolivia”, lo cual personalmente aplaudo, pero eso sí, con mucho cuidado, porque cuando el vulgo se da aires se puede hacer maravillas, pero también se puede llegar al caniblaismo.
Desde el punto de vista económico, las cosas son mucho más simples. Uno: la política económica tan vilipendiada por el MAS, satanizada al extremo de culparla de todos nuestros males, atacada en todos los foros al punto de convertirse en un insulto, no ha sido tocada en lo más mínimo por el gobierno. Es más, si algo ha hecho el régimen ha sido profundizar mucho más en los principios neoliberales. ¿Las pruebas? La nacionalización sin nacionalizar, la bolivianización de la economía, la inyección de recursos al sector productivo a través del sistema bancario, el abandono al LAB, y un largo etcétera. No es que eso esté mal: al contrario, creo que en el área económica vamos por buen camino, salvo algunas chambonadas olímpicas concentradas sobre todo en la elaboración de planes que más parecen cartas a Papá Noel y que nunca son ejecutados. Lo único que me molesta acá es el doble discuro, pero eso pertenece más bien al punto de vista político, ¿no?
Desde el punto de vista social, lo único que veo es una densa niebla. Han habido políticas de promoción social importantes: el plan de alfabetización, las campañas de vacunación, el plan de vivienda social. Pero de sus resultados no hay nada, absolutamente nada. Ni un dato. Ni una referencia. Ni una comparación. Sí algún municipio que otro se ha declarado libre de analfabetismo, pero eso no prueba nada. Sin tener datos duros, hay que pasar a la simple observación. ¿Ha mejorado en algo la calidad de vida de la gente más pobre? Si ha mejorado un poco, ¿existe relación entre esa mejora y las acciones del gobierno? Lo que yo veo, aunque podría estar equivocado, es que en las urbes medianas y grandes sí hubo una mejora relativa, algunos municipio con mayor éxito que otros, pero esa mejora ha sido lograda por los propios municipios gracias a los recursos de la Participación Popular y del IDH, ambos marcos institucionales anteriores a la posesión de Evo. También veo que la situación en el área rural se agrava, sobre todo en el occidente. Prueba de ello es el creciente número de indigentes que migran a la ciudad para sobrevivir en base a la mendicidad o, los más exitosos, en base a actividades semidelincuenciales. Y los logros en salud, educación y empleo son nulos, al menos en su faceta formal: la educación fiscal es tan mala como siempre, la atención de salud es tan inhumana como siempre, y la gran mayoría está desempleada, subempleada o autoempleada. Como siempre.
Esteban
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Posted in: Evadas