Credo

Posted on 06/07/2007

1


Bueno, momento de sacarse las máscaras, de hablar a calzón quitao. De confesar mi credo.

Creo en la anarquía como única forma de organización armónica en la que el hombre deja de ser el lobo del hombre. Esto es, todo Estado y todo gobierno se explica a sí mismo por la reproducción de su poder, y todo poder por definición es sobre alguien o sobre algo. No existe poder sin sometimiento.

Creo en el socialismo como única forma de organización económica que puede garantizar una organización política sin gobierno. El socialismo lo entiendo como la socialización de los medios de producción, como que el trabajador sea el dueño de su trabajo, no que los medios de producción pasen de ser la propiedad de la oligarquía a ser la propiedad de la burocracia. Por ende, la socialización es exactamente lo contrario de la nacionalización.

Creo en el escepticismo. Sí, ya sé que eso es un oximorón. Creo que no existen verdades absolutas, salvo las leyes del universo que apenas hemos empezado a descubrir. No creo en brujas, OVNIs, dioses únicos o multitudinarios, magias, cucus, espíritus ni reencarnaciones.

Creo en la humanidad: soy un humanista. Creo que el ser humano debe estar por encima de todo, ser prioridad número uno. Pero de manera responsable: el proteger al medio ambiente, por ejemplo, no debe ser un tema de compasión con los bebés foca, sino un tema de supervivencia de nuestra propia especie, de cuidar nuestra casa, nuestros recursos. O el desarrollo de la economía, como otro ejemplo, no debe ser un tema de llenarse de riquezas lo más rápido posible, sino de generar los medios para vivir y repartirlos entre todos de la mejor manera posible.

Pero entonces – me preguntarán ustedes – ¿porqué tan rudo con el gobierno masista? ¿Qué no es un gobierno de izquierdas, igualitario, justiciero, defensor de los oprimidos? Es que – les responderé – todo lo que ha hecho hasta ahora don Evo, y sus similares en el resto del continente, va en contra de esas cuatro latas en las que creo. En lugar de la destrucción de la estructura de poder y dominación, se la ha apropiado, y con la agravante de querer abarcar todos los poderes públicos. En lugar de la socialización de los medios de producción, los pone a cargo de una burocracia incompetente, ineficiente y corrupta. En lugar de abrir las mentes y los corazones de los bolivianos, predica una verdad absoluta – su verdad – con el fanatismo de un pastor adventista. En lugar de poner al hombre, al individuo, por encima de todo, pone a la raza, al grupo, a los que son iguales que él (los que no, son el enemigo) por encima de todo.

¿Extraño entonces a los anteriores gobiernos? La verdad sí. Al menos antes se sabía muy bien quién era el enemigo, contra qué había que luchar. Ahora, la mayoría de los autodenominados izquierdistas están embriagados con el poder logrado por el cocalero. El autodenominado “proceso de cambio” se ha convertido en el credo de los que estaban perdidos cuando cayó el muro de Berlín. Y quienes nos atrevemos a criticar al MAS somos acusados de conservadores, antirrevolucionarios, antipatrias y oligarcas. Sí, extraño cuando todos denunciábamos a los mismos sinvergüenzas, eran tiempos más simples.

Esteban

Anuncios