La sede: ¿Ceder o no ceder?

Posted on 10/07/2007

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Wa dsculpar.

Y es que tengo sentimientos contrapuestos sobre el tema del traslado de la sede de gobierno. Mucho más allá de los patrioterismos, de las interpretaciones pérfidas de la historia y del culto chauvinista, la eventualidad del cambio de la sede de gobierno es algo que va a tocar muy profundamente mi vida y la de cientos de funcionarios “obligados” a movilizarnos sin haber comprendido por completo el porqué.

Así que wa dsculpar, esta entrada al blog no va a tener la seguridad y convicción de otras cosas que escribí acá. Más bien quiero hablar hoy de mis dudas y tribulaciones.

¿Qué tan serio es el debate actual del cambio de la sede? ¿Es pura especulación retórica o hay algo más? La opinión mayoritaria parece ser que se trata acá de puras amenazas, que no hay posibilidad alguna de que la sede realmente sea devuelta a Sucre. Pero la mayoría también puede equivocarse.

El discurso oficial acá en la oficina es que, salvo que la movilización del 20 de julio sea exitosa, el tema será introducido al debate de la plenaria de la Asamblea Constituyente. Que ahí expuesto, a favor o en contra, el tema no conseguirá los dos tercios necesarios para ser aprobado y, consecuentemente, el tema será sometido a referéndum, como manda la trampa mortal que el propio MAS ha impuesto de manera suicida e irresponsable. Y que, sometido a referéndum, es altamente probable que en el tema del traslado a Sucre el “sí” sea victorioso.

No estoy tan seguro de tragarme ese discurso. Evidentemente, hagan lo que hagan las comisiones el tema va a entrar al pleno de la Asamblea, por la simple razón de que el texto actual menciona –implícitamente por cierto- el tema y hay que ver si va a ser cambiado o se va a mantener así. Si es así, ¿para qué el cabildo? ¿Qué sentido tiene movilizar a decenas de miles de personas para evitar lo inevitable? Segundo, ¿porqué se afirma con tanta seguridad que el mantener la sede no va a lograr los 2/3 de votos? A mí me parece que entre los votos del occidente (voto regional) y los votos del MAS y sus aliados (voto consigna) es muy fácil conseguir dos tercios. Salvo que no haya tal voto, que Potosí esté tentado de llevar los poderes a Sucre y/o que el MAS no tenga disciplina suficiente en sus filas. O algo peor: que el MAS, por la demagogia que lo caracteriza, no tenga interés real en evitar el traslado de la sede a Sucre.

Y si finalmente es cierto que esto se va a referéndum, al final ¿porqué no? ¿Qué no éramos los defensores intransigentes de la democracia y la voluntad popular? Con franqueza creo que si esto debe debatirse, si hay riesgo de enfrentamiento –y con ello quiero decir con muertos y heridos– la mejor manera de canalizar el debate hacia algo pacífico es hacerlo al debate político-electoral, a la arena de los votos. Sinceramente, conociendo como conozco al boliviano, yo no creo que el riesgo de perder en tal referéndum sea tan grande, porque al final no nos gusta cambiar, no nos gusta que nos saquen de nuestra costumbre. Pero además porque los argumentos de La Paz, salvo los históricos, son mucho más fuertes. Y fáciles de comprender.

En efecto, déjense de estupideces, de decir que Sucre nunca fue la capital, que Sucre nunca quiso la independencia de España, que Sucre no tiene la razón. En términos estrictamente históricos, Sucre tiene toda la razón, y tiene los documentos que prueban lo que dice.

Igual de idiotas son las posiciones políticas al respecto. No se trata pues de alejar o no los poderes de la capacidad de presión de los gremios y sindicatos de La Paz y El Alto. Ese argumento, sea a favor o sea en contra, en tan necio como pretender que la sede de las Naciones Unidas salga de Nueva York porque está demasiado cerca de Washington.

No, el problema es otro. El problema es que un traslado de los poderes implica dejar de invertir miles de millones de dólares en proyectos de desarrollo para gastarlos en construir oficinas. Implica destruir un patrimonio acumulado por más de cien años por paceños y no paceños. Implica retroceder hasta 1899 y volver a empezar desde ahí. Implica dejar sin empleo a decenas, incluso centenas de miles de personas que directa o indirectamente viven del gobierno central.

¿Quiere decir esto que debemos condenar a Sucre al subdesarrollo? No, no lo creo. Con o sin sede de gobierno, Sucre necesita un aeropuerto decente, necesita caminos confiables, necesita trabajo, inversión pública, diversificación. Es más, yo recomendaría un traslado parcial de algunos instrumentos del poder público a Sucre. Para empezar, el poder legislativo. El total del personal del Congreso no supera el millar de personas, contando hasta el último portero. No creo que fuera tan traumático hacerlo. También podríamos mandar a Sucre otras instituciones que no necesitan estar en La Paz forzosamente. YPFB por ejemplo, para estar más cerca de los campos petroleros. O el Defensor del Pueblo (después de todo, es un órgano de defensa de la sociedad).

¿Ponernos en pie de guerra por eso? Ridículo. Ridículo y suicida. Temo muchísimo que las consecuencias del famoso cabildo van a ser diametralmente opuestas a las que se busca. Temo mucho que sea una excusa perfecta para los separatistas, para los que quieren la guerra. Creo que es inevitable que en el cabildo a alguien se le escape un insulto, una provocación, un desafío. En una situación que requiere mucha inteligencia es un error garrafal usar la ciega estupidez de las masas para hacerse oír. Mucho más si no se tiene pleno y absoluto control de lo que haga o deje de hacer esa masa.

¿Tenemos alternativa? También me temo que no. Me temo mucho que en un efecto de “psicohistoria” como lo llamaría Isaac Asimos, el desenlace es matemáticamente inevitable. Esto ya venía preparándose hace muchos, muchos meses, y ahora parece que no es posible ya detenernos. ¡Ojalá esté equivocado!
Esteban.
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