Los sídromes Paris Hilton y Evo Morales (c) Winston Estremadoiro – La Razón

Posted on 13/07/2007

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Hace algún tiempo hacía flotando impoluto en olor de tinta y en mares de papel recién impreso, que es como imagino el paraíso de los periodistas, a Ted Córdova. Gracias a Dios, mi amigo sigue vivito y coleando, y sus males no le restan viveza en una nota sobre el síndrome Paris Hilton, que describe el excesivo culto a las celebridades, especialmente de la farándula, en Estados Unidos.

A despecho de asuntos de relevancia, como la guerra en Irak, los 20 millones de ilegales en ese país, o el calentamiento del planeta que bastante le debe a la polución estadounidense, los 15 días de cárcel de la condena de la pobre niña rica, malcriada heredera del imperio hotelero, la hicieron consentida de los medios, concitando la atención de la gente al punto de la obnubilación.

Me sirve de pie para tratar de un velo similar que parece haber cubierto las pupilas de muchos bolivianos y de bastantes extranjeros: la infatuación con Evo Morales. Tiene origen en las mismas directrices de la comunicación social, léase propaganda, que guiara a los talentos cínicos contratados por Goni en su campaña, expuestos en el documental Our Brand is Crisis, en el que hasta el mismo George Clooney muestra hoy interés fílmico. Porque no cabe duda que Morales, que ya tiene en su haber un documental halagador y un film que casi seguro le endiosa, cuenta con el respaldo de un aparato propagandístico que deben envidiar su padrino venezolano y su gurú cubano.

Desde su periplo internacional arropado en la ahora famosa chompa, pasando por el espectáculo de su posesión étnico-folklórica en Tiwanaku, acompañado de antropólogo cómo corresponde a un indígena, hasta sus últimos shows jugando fútbol en la cima del nevado Sajama, la cobertura mediática de sus excentricidades circenses en helicóptero ajeno y talego de petrodólares sin contraloría, ha dejado liliputiense a ese René Barrientos de gran labia en quechua, que cocinara a fines de los años 60 tal receta de pan y circo demagógico-populista en Bolivia.

Como en laberinto de espejos de feria, la figura de Evo Morales se maximiza mientras que los errores de su desgobierno se minimizan. No otra cosa significa que mantenga niveles de popularidad en las encuestas, mientras los dislates y chambonadas de su régimen se multiplican. Será efecto de la propaganda, que hasta ahora los bolivianos soslayan los efectos de su mal gobierno en asuntos serios, como la creación de empleo y la economía.

El primer tema tiene una válvula de escape en la estampida de los emigrantes, que le restan apremio a la generación de empleo, a costa de que sean escasos los albañiles y los plomeros, aparte de energizar la situación económica de los que se quedan en Bolivia, con las remesas producto del sudor de 3 millones de bolivianos en el exterior.

Tiene otra válvula de distensión en los dólares del narcotráfico, actividad delictiva que ya no es sólo cosa de cambas de mariachi y whisky de 12 años en las capitales, sino también de collas de presteríos y padrinazgos de juerga de una semana en los pueblos. La cocaína ha sido impulsada porque el Presidente de los bolivianos, jajá, en calidad de dirigente máximo de los cocaleros, jejé, favoreció a sus allegados aflojando la cincha con el aumento de superficies cultivadas en el Chapare. Aparte de hacerse de la vista gorda con el aumento exponencial de cultivos de coca en los Yungas, La Asunta y Caranavi y al extremo de que aparezcan nuevos cocales en Santa Cruz y Beni.

Quizá sin saberlo se adhieren a aquel “si los Estados Unidos tienen la bomba atómica, nosotros tenemos el Triángulo de Oro” del canciller de China Comunista en tiempos álgidos de la Guerra Fría, que diera carta blanca a la producción impune de opio y heroína por bandas armadas en la zona fronteriza china con Laos y Myanmar (Birmania). Pero en Bolivia, aún si la pichicata da empleo a humildes pisacocas y contrabandistas de precursores, cabe recordar que luego se torna en carga para el erario nacional, al engrosar la población en las abarrotadas penitenciarías, sin que metan a la chirola a los capos de la siniestra actividad.

El segundo tema llega al extremo de la ridiculez, enfrentando hoy a los economistas que advierten de la inflación en artículos de primera necesidad, contra los augures gobiernistas como el ministro del ramo, que recomendó comer cuñapé de yuca en vez del encarecido pan de cada día, con la misma ignorancia de costos y procesos que hiciera que el dictador García Meza aconsejara comer charque de llama y chuño, cuando escaseaban la carne bovina y la papa.

El propio presidente Morales continúa la cantaleta de que estamos camino al paraíso socialista del siglo 21, y en 15 años seremos tan letrados, productivos y obedientes de la ley como suizos, al apuntar que la inflación se debe a la lluvia de divisas propiciada por los logros de su gobierno. Es algo que no entiende el padre de familia, que debe pagar casi el doble por el pan con que los suyos distraen el hambre en magro desayuno y austera cena de sultana con marraqueta.

Resto mi caso de que si en EEUU están obnubilados por el síndrome Paris Hilton, en Bolivia se confunde las mentes por el espejismo Evo Morales. Sólo así se entiende que en nuestro país sigamos creyendo en pavadas como la austeridad en el sector público. Cuando la incompetencia imprevisora en hidrocarburos costará al país centenas de millones de dólares en importar GLP y diesel, que bien servirían para hospitales y escuelas. Cuando ladinos congresistas explotan la veta de viáticos y viajes al exterior, sin informes que justifiquen sus dispendios. Cuando el mismo Evo Morales, que cercenara los sueldos de los funcionarios públicos a menos del monto de la publicitada reducción del suyo, se tira el pisto de gastar 100.000 dólares en viajar a Cuba para pedir instrucciones.

(c) Winston Estremadoiro

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