Yo cabildeo, tú cabildeas, él…(escrito el 23/07/07)

Posted on 01/08/2007

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Habiendo sido uno de los cientos de miles de ciudadanos que dijimos “presente” en el multitudinario cabildo del viernes, creo que es justo que ahora comparta un poco con los lectores de este blog las impresiones y experiencias que he tenido en la ocasión.

En realidad, el tema empezó mucho antes del viernes. Reuniones de coordinación a las siete de la mañana, salidas a volantear “puerta por puerta” por tardes enteras, y otras tareas organizativas han sido mi rutina las últimas dos semanas. Acá debo justificarme, pues evidentemente a pesar de mis dudas (v. “La sede:¿Ceder o no ceder?”) acabé comprometido con el objetivo de tener un cabildo exitoso. ¿Por qué? Porque, de todas formas, el cabildo iba a hacerse. La suerte estaba ya echada hace meses. Correspondía pues asegurarse que el mensaje sea claro e inequívoco, y que no haya muestra de debilidad alguna. Un mensaje equivocado y débil solo hubiera fortalecido la discusión bizantina del tema, con consecuencias nefastas. Y sin embargo… pero no me adelantaré, las conclusiones vienen al final del relato.

El viernes, muy temprano en la madrugada, de hecho, antes de que salga el sol, me fui a dar una vuelta por los puntos intermedios donde la gente debía reunirse para iniciar el peregrinaje a la Ceja de El Alto, lugar del cabildo. Auque la desorganización y la improvisación eran evidentes a pesar de los esfuerzos de la Alcaldía, la gente comenzaba a reunirse con un verdadero ambiente de fiesta. Abrigados como esquimales por el duro invierno paceño, jóvenes y no tan jóvenes iban dándose encuentro, reconociéndose como pares desde muy temprano. Las tiendas de barrio, que suele abrir a las seis de la mañana, estaban todas cerradas, causándome alguna preocupación por un momento pues la noche anterior no había tenido tiempo de comprarme una botella de agua, imprescindible para la larga caminata.

Cuando salió el sol, dejé mi carro en la Av. Arce, para tenerlo más o menos a mano para el regreso, y me fui caminando hasta la oficina, punto de encuentro de los compañeros que subiríamos juntos.

Partimos de la oficina a las nueve de la mañana, con una corta caminata hasta el nudo de la Autopista (Fábrica CBN), donde ya estaba concentrada una gran masa de gente (a esa hora eran como 50.000 personas). Ahí fueron llegando otras marchas formando una gran columna que, una vez llegado el Alcalde de La Paz, marchó hacia la Ceja por una pendiente muy pronunciada (Av. Kollasuyo). A la altura del cruce de la Av. Kollasuyo y la Av. Naciones Unidas calculo que pasaron en marcha entre 200.000 y 250.000 personas, esto sin contar los que subieron por la Autopista que han debido ser otros 50.000 por lo menos.

Cuando llegamos a la Ceja, la imagen fue alucinante. Nunca olvidaré el impresionante cuadro: miles y miles de personas de todas las clases sociales, blancos, morenos y mist’is, vestidos de todos los colores, con sus banderas, con sus estandartes, algunos con las caras pintadas con las rojo amarillo y verde, incluso uno que otro con su disfraz completo de barra brava de la selección nacional de fútbol. Esta no era una protesta, no era una de las tantas manifestaciones de fueras y abajos a las que estamos acostumbrados los paceños. Esta era una fiesta, y la música de las bandas y de las tarqueadas lo demostraba. Si algún desorejado gritaba estribillos en contra de otras regiones del país, inmediatamente los demás asistentes lo callaban a plan de silbidos. Comprendido ese mensaje, antes del inicio del acto y durante todo su desarrollo no se escuchó un “muera”, no se escuchó un “abajo”. Incluso creo que más veces se gritó “viva Bolivia unida” que “viva La Paz”.

Parte de la fiesta, y esto en un aspecto mucho más infantil y por ello todavía más simpático, era saludar al helicóptero que daba vueltas sobre nuestras cabezas, como tratando de contar cuántos éramos. Era realmente divertido ver cómo miles y miles de personas, niños, adultos y ancianos entre maravillados y emocionados agitaban banderas y gritaban “la sede no se mueve, la sede no se mueve” cada vez que escuchaban acercarse el Super Puma regalado por el amigo Chávez a Bolivia.

Llegó el momento del inicio del acto: como si de la posesión del Presidente el 6 de Agosto se tratase, se entonaron todas las estrofas del himno nacional (por supuesto, casi nadie se sabía las últimas). No soy para nada afecto a los himnos ni a las marchas militares, pero sí fue emocionante escuchar a todas esas voces al tope de sus fuerzas cantar “morir antes que esclavos vivir”.

Luego, lo peor del cabildo: el cabildo mismo. Los discursos fueron pésimos. Llenos de ignorancia, de resentimiento y de demagogia, el mérito del ambiente festivo, cívico y unionista del mar de gente que había dicho “presente” se derrumbó cuando hasta la rectora de la Universidad Mayor de San Andrés se puso a rebuznar como en campeonato. Hasta el discurso de mi amigo Lucho Revilla dejó mucho que desear. Una verdadera decepción.

Igual de incendiaria fue la proclama aprobada en el cabildo. Y sí, ese es el problema de cualquier forma de asambleísmo: la gente vota por presión de pares. Si fuera cierto que estaban dos millones de ciudadanos en la Ceja (cosa que me parece un poco exagerada) estoy seguro que un millón novecientos noventa y nueve mil no oyó ni entendió lo que decía la proclama. Pero todos gritaron “aprobado” a cada unos de los seis puntos. Una prueba más de lo impracticable de la “democracia directa”.

Bueno, y entonces, ¿cuáles son las conclusiones? Una, que La Paz, El Alto y las 20 provincias dieron un mensaje muy claro: hasta aquí hemos aguantado que nos posterguen, que nos digan de todo, que nos quiten siempre lo que es nuestro, que subvencionemos a los demás departamentos. El viernes 20 de julio, los paceños dijimos ¡basta! También nosotros sabemos –recién ahora – lo que es ponerse de pie, unidos por una causa común. Una causa tal vez un poco tonta, tal vez un poco peligrosa, pero una causa común.

Dos, el liderazgo de Juan Del Granado, aún cuando no lo han dejado hablar los alteños, ha quedado claramente estampado como el único liderazgo regional después de Evo. Ni Pepelucho Paredes, ni Fanor Nava, ni ninguno de estos dirigentes de poca monta ha podido tener una voz de mando tan clara y tan decidida. Su ausencia en los discursos se ha sentido, y mucho.

Tres, la reacción de Sucre ha demostrado claramente que el cabildo ha tenido un efecto muy fuerte. Como suele suceder, el vencido da sus pataleos sin ninguna coherencia, se ofusca, se enfada, y se hace y se hace pomada, como dirían Les Luthiers.

Cuatro, no obstante lo anterior la contundencia del cabildo no ha cerrado el debate del tema de la sede. Al contrario, parece haberle dado vida nueva. Que el Presidente se mande la chambonada de decir que este no es un tema que deba resolver la Constituyente le ha agregado kerosene al fuego, pues ha causado la reacción airada de los propios constituyentes, perfectamente comprensible pues sí es atribución suya, lo que el cabildo ha pedido es que voluntariamente no toquen el tema.

Por ello, mis dudas persisten. ¿Es esto lo mejor? ¿Hemos impedido el enfrentamiento entre hermanos? ¿Hemos podido evitar que los intereses de unos pocos nublen la visión de los muchos? ¿Ponernos gallitos ha hecho retroceder al “contrincante” o lo ha alterado más? ¿Es posible ahora la concertación y el diálogo? Yo respondería como Galileo a la consigna de “la sede no se mueve”: é pur, si muove!Esteban

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