¿Qué le pasa a Juan Ramón?

Posted on 19/11/2007

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El Cap. (r) Juan Ramón de la Quintana Taborga y el Lic. Juan Ramón Quintana parecen ser dos personas completamente distintas. Uno ha escrito – aunque realmente sin descubrir la pólvora – textos académicos que tienen la virtud de decir sin trapujos grandes verdades sobre las Fuerzas Armadas de Bolivia. El otro más parece un loco que ve conspiraciones por todas partes.

A Juan Ramón yo lo conocí como docente de la materia de Administración y Fuerzas Armadas de la maestría de Derecho Administrativo que cursé hace algún tiempo. Si bien nunca entraba en grandes profundidades (yo al principio pensé que era por el corto tiempo que teníamos para revisar la materia, luego al leer algunos de sus textos descubrí que era una tendencia permanente en él), parecía un tipo interesante, una de las personas que más sabía de los entretelones de esos que usan uniforme con rayas y estrellitas en los hombros.

Como ácrata, antimilitarista y contrapolicial que soy, me gustó mucho oír a alguien que estuvo ahí y que se dio el trabajo de escarbar un poco la apariencia democratizada de los oficiales y las razones de su repentino cambio de actitud. He compartido su crítica más importante sobre la policialización del ejército y la militarización de la policía, creo, como él, que lo menos que se puede hacer con este tema es darle una verdadera institucionalidad y entender bien cómo debe funcionar una autonomía de las fuerzas armadas, y que eso toma por la valentía de decidir arriesgar perder la alianza de los oficiales por quitarles algunos dulces que ellos tienen.

En otras palabras, aunque sí discrepaba en algunas cosas con él (por ejemplo no comparto la idea del mando único policial), me parecía un tipo respetable.

Grande fue mi sorpresa cuando el hermano Evo posesionó a Juan Ramón como ministro. Extrañamente, no como ministro de defensa, que hubiese sido lo lógico, sino como su mano derecha política: Ministro de la Presidencia. Juan Ramón no era ya un sangreazul cochabambino con apellido compuesto y que había ido al Colegio Militar. Ahora era simplemente Quintana, un sociólogo del PIEB y cercano colaborador del que sabemos.

Está bien, comprendo que en una posición políticamente tan delicada, es necesario trabajar mucho la imagen, no es esta mi crítica, a diferencia de otros de sus detractores que le echan en cara su pasado como si uno no pudiera arrepentirse de haber ido a la Escuela de las Américas o haber sido asesor de Fernando Kieffer. No, yo no tengo problema con eso.

No, con lo que tengo un problema es con el nuevo Juan Ramón. Aquél hombre rabioso, con serios complejos de persecución, encargado de la propaganda, que acusa a diestra y siniestra sin jamás producir una sola prueba, que tiene como más cercanos colaboradores a Sacha Llorenti y a Héctor Arce, que son el equipo completo de inquisidores del MAS encargados de hacer ver como conspiradores y culpables de todos los males a quien se atreva a pensar diferente, aquél ministro demasiado parecido a un tal Goebbels, que desvaría cada vez de manera más preocupante, ése es el que me preocupa. Hermano Evo, si tu ministro no da muestras de cordura pronto, yo creo que le deberías regalar una beca con internado en Sucre – y no estoy hablando de la Constituyente.

 

Esteban

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