Forma y fondo

Posted on 11/12/2007

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La violación se consumó. La Asamblea Constituyente, muerta ya hace semanas, reencarnó en congreso nacional del MAS (y sus aliados circunstanciales, con siglas compradas o no) y aprobó, de manera unilateral, un mamotreto de cuatrocientos artículos.
En democracia, la forma y el fondo son igual de importantes. Esa fue la durísima lección aprendida por los europeos entre 1939 y 1945 y que parece que en el resto del mundo nos cuesta muchísimo entender. No basta que el estado se base en la norma legal. No basta que el gobierno actúe según las reglas estrictamente jurídico-formales. Tanto Hitler como Mussolini llegaron al poder de manera legal en sus países. Sus atrocidades estaban enmarcadas en las leyes que ellos mismos apoyados en sus mayorías tanto legislativas como de masas aprobaron. La “Solución Final a la cuestión judía” era una ley del III Reich, ¡aprobada y promulgada!
Quizás sea exagerado comparar lo sucedido en Oruro este fin de semana con el fascismo europeo de los años 30, pero trazar paralelos es inevitable.
La forma cómo se aprobó en grande y en detalle el texto de la nueva constitución es, por decir lo menos, una aventura jurídico-política. La legalidad de ambas sesiones es cuestionable. El número de votos también. Y sin embargo, se impuso nomás el proyecto oficialista, con o sin respaldo legal. No solo eso, aunque uno pueda cuestionar la legalidad de las dos sesiones, al no haber consecuencias jurídicas para las personas que cometieron la ilegalidad y no haber posibilidad alguna de impugnación judicial, se aplica nomás la presunción juris et de jure de legalidad, aunque los opositores se arranquen la camisa de rabia.
El fondo es aún más grave. Al ser refundacional, la Asamblea Constituyente puede poner cualquier barbaridad al texto y nadie puede demandar esa barbaridad en ninguna corte. Y como qué, lo han hecho. En varios artículos. Para muestra, solamente el tema de la “traición a la patria” condenable con 30 años de prisión sin indulto, se tipifica como un delito ideológico, y por tanto se convierte en un arma de persecución política. O, con igual gravedad, se establece como deber del ciudadano pensar igual que el gobierno (cito textual: “promover y difundir la práctica de los valores y principios que proclama esta Constitución”), siendo el incumplimiento de deberes constitucionales también sancionable con prisión.
No me malentiendan. El nuevo texto (que comentaré a detalle cuando tenga una versión oficial) tiene varios puntos destacables. Mucha lata con detalles que no necesitan ser constitucionalizados, temas que se repiten o cosas por el estilo, pero en general reconocimientos de derechos individuales y colectivos que son muy interesantes (y ciertamente en extremo liberales). Pero la mentalidad absolutista, de copamiento de todos los mecanismos de poder político y de persecución a quien reniega de esa visión del mundo está muy presente. Estáis advertidos.

 Esteban

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