Feliz Navidad – todavía

Posted on 26/12/2007

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Como no tuve acceso a la red desde el fin de semana, recién ahora me siento a dar un mensajito de navidad. A propósito, por acá quiero mandar una muy cariñoso saludo y abrazo a los amigos, colegas, compañeros de trabajo, parientes e instituciones que me han mandado, según la tradición mediante tarjetita impresa o más modernizados mediante tarjetas electrónicas, sus felicitaciones y deseos de paz y prosperidad. Replicar a todos y mandar mis buenos deseos a quienes se olvidaron o no pudieron mandarme nada sería riesgoso, porque necesaria e inevitablemente me olvidaré de alguien, así que valga este mensajito para desear a todas las personas a las que aprecio que hayan pasado una navidad de amor, paz, inocencia y reflexión.
Dicho esto, me toca seguir la autoimpuesta tradición de escribir mis reflexiones acerca de esta navidad. La primera impresión que tengo es que esta navidad ha sido la de mayor consumo de los últimos tiempos. Como todo en la vida, esto tiene su yin y su yang. No tiene caso repetir el sermoncito contra el consumismo, ya todos se lo conocen de memoria. Todos coincidimos con el discursito, pero nadie hace nada al respecto. Del otro lado, el que los paceños hayan estado gastando más que nunca quiere decir que están con platita en el bolsillo, y eso siempre es bueno, incluso si causa algo de inflación. Punto a favor para ya saben quién.
Puesto el tema comercial aparte, he notado una navidad con más incertidumbre, más impotencia frente a lo que la gente percibe como el camino a la debacle. Los burgueses con los que ando (y de los que soy nomás parte) están realmente asustados, no de algún teorema doctrinario anti propiedad o cosa parecida, sino de que la lógica de la imposición acabe por optar por el camino de la violencia extrema. La gente no teme por su lotecito, teme que le alojen una bala en el cráneo.
Yo no soy tan alarmista. Si bien sé, a ciencia cierta y sin lugar a dudas, que hay grupos radicales en ambos extremos que están engrasando los gatillos, confío lo suficiente en la sabiduría del pueblo boliviano como para creer que esos grupos radicales van a acabar furstrados y sin la oportunidad de usar las armas.
Y, aún con la incertidumbre y el miedo, es esa sabiduría la que me ha provocado estar tranquilo y feliz en esta navidad. La paz no es la ausencia de armas, la paz es la sabiduría de no responder a quien quiere la violencia.
 
¡Salud a todos!
 
Esteban
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