Sin muchas sorpresas, la confrontación se profundiza

Posted on 11/08/2008

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Aunque no hay todavía resultados oficiales, los resultados de la votación de ayer en el primer referéndum revocatorio de nuestra historia no variarán enormemente de las encuestas a boca de urna ni del conteo rápido, excepto quizás, aunque lo dudo, en Pando y en Oruro.

Por ello, me animo a dar mi propia interpretación de lo sucedido ayer, sujeto a confirmación y profundización cuando la CNE publique los cómputos oficiales. Para ello, primero quiero hacer referencia al acto electoral propiamente dicho, y luego recién a los resultados y qué creo que significan para Bolivia.

La primera impresión que uno se lleva, como en todos los sufragios de los últimos 25 años, es que incluso en las peores condiciones de confrontación y polarización los bolivianos vamos calladitos y bien portaditos a votar, y salvo algún loco desaforado en Santa Cruz nos gusta el ambiente de fiesta y de día relajado de los domingos de elecciones.

Si uno escarba un poco más, sin embargo, no se puede decir propiamente que “el ganador ha sido el pueblo” y que la gente actuó con “civismo y espíritu democrático”, cantaletas típicas y obligatorias de estas ocasiones. De hecho, ha habido varias cosas que apuntan más bien a que la votación no ha sido del todo transparente, por una serie de indicios que, sumados, se hacen sospechosos.

Lo más obvio y que no podrá ser cuestionado ni por el más fanático masista, es que el canal 7 y su sucursal, RTP, no han parado la maquinaria propagandística todo el fin de semana, a pesar de la prohibición legal. Nada sería que hubieran transmitido la publicidad oficial del gobierno referida a obras y logros (¿cuáles?) de la gestión, lo cual en sí mismo ya es sucio, sino directa y descaradamente se han transmitido spots con el claro mensaje de solicitud de voto “Sí arriba y No abajo”, y en la programación no paga se transmitieron reportajes, seudo documentales y todo tipo de títulos audiovisuales que ensalzan la figura del hermano Evo.

Un poco menos obvias, yo diría incluso que hay que tomarlas con beneficio de inventario, ha habido una serie de denuncias de amedrentamientos, orientación directa del voto en áreas rurales, control del voto en los sindicatos agrarios, y otras prácticas que le quitan el valor al voto del campo. El propio hecho de que en las áreas rurales de La Paz nada menos que el 95% haya votado “Sí” a la ratificación del Presidente es por sí misma sospechosa por su contundencia.

Sin embargo, la manipulación del voto en el campo no es ninguna novedad. No es que esté bien, pero es un invento del MNR allá por los años 50 y no podría endilgárselo como un “mérito” propio y exclusivo del MAS. En todas las elecciones que yo recuerde esta votación, trucada y poco fiel a la realidad, ha valido plenamente, y no hay razón para pensar que esta vez no será así. Dicho de otra manera, amedrentados o no, bajo listas o no, nuestros hermanos del campo han votado como han votado, y aunque las cifras no sean exactas la verdad es que el más fuerte políticamente en esas regiones es el que organiza esta peculiar forma de votar, así que al final de cuentas no se modifica demasiado el efecto.

Dicho esto, los resultados de las diferentes encuestas a boca de urna y del conteo rápido, excepto en el caso de Potosí, se han presentado en general dentro de lo previsible, aún cuando se desglosa por departamento, o dentro de estos entre campo y ciudad.

Vamos a ver. Evo y el amigo Leneras han logrado en la circunscripción nacional alrededor del 63% de los votos. No han llegado a los 65% que deseaban, pero estuvo muy cerca, y denota un crecimiento significativo frente al 54% de las elecciones generales y el 51% de la elección para Constituyentes. Y en condiciones normales, tener un 37% de oposición debería ser perfectamente manejable.

Pero a no cantar victoria. Estas no son condiciones normales, porque esa oposición está fuertemente localizada, y para colmo en los departamentos productores de la principal fuente de riqueza del Estado. Este 37% de oposición ha sido y va a continuar siendo la fuente de los dolores de cabeza del gobierno, de la ingobernabilidad y la falta de control sobre una gran porción del país que puede derivar en cosas mucho peores. En otras palabras, la ratificación del presidente Morales no ha solucionado nada.

Sin la franja superior de la papeleta no ha logrado resolver nada, veamos la franja inferior. La primera evidencia es que Evo logró deshacerse de dos personas que le eran muy molestas. Uno era, por supuesto, Manfred Reyes Villa, quien a la sazón era el último aliado de Goni y último vestigio del “ancien régime”, además de ser una persona muy molesta e incómoda incluso para la propia oposición. Ahí creo que ganamos todos. El segundo era José Luis Paredes, que era una molestia para el gobierno por razones totalmente distintas. Papelucho representaba al “otro” populismo. No era la oposición del MAS, era su competencia. Por eso la virulencia de la guerra sucia contra este líder local. No obstante, la “victimización” de Papelucho puede fortalecerlo mucho en el mediano plazo, con lo cual el deshacerse de él no es sino solo temporalmente. Acá no hay un claro ganador, a pesar de la contundencia de la votación paceña. Habrá que esperar a la elección del nuevo prefecto para poder sacar conclusiones más claras.

Entre tanto, el MAS pierde también a un peón, una ficha con poca o ninguna importancia, como es el prefecto Alberto Aguilar de Oruro. Tan insignificante es este funcionario que ninguno de los medios nacionales de comunicación lo ha entrevistado para preguntar si aceptaba o no su derrota. Probablemente el impacto de esta revocatoria de mandato se sentirá solo a nivel local, y aún así muy poco. El gobierno sabía muy bien que Aguilar estaba en problemas y no hizo nada para ayudarlo. Habría acabado siendo, aparentemente, una molestia para el propio MAS, así que no tuvieron problema en perder esta ficha. Con la votación obtenida por Evo en Oruro, no será difícil sustituir al prefecto por otro afín, así que en realidad el MAS no ha perdido nada.

Donde sí el oficialismo ha sido derrotado de manera contundente es en la “media luna”. Santa Cruz, Beni, Tarija, y hace alguna semanas Chuquisaca claramente le han dado durísimo al gobierno, y en Pando los empates suelen resolverse, desde el 2005, a favor del señor Fernández, aunque con mucha menor contundencia que el resto. Aunque el MAS lograse dominar las prefecturas de La Paz, Cochabamba, Oruro y Potosí, lo cual no es seguro, seguirá en control de la menor parte del territorio, así sea la parte más poblada.

De este análisis se puede inferir que tampoco se ha resuelto gran cosa. Sí se ha podido mover algo las fichas políticas en occidente, lo cual mejora un poco la situación del gobierno, pero los territorios donde ha tenido mayores dificultades se mantienen contrarios, y el principal rival político de Evo, Rubén Costas, se ha fortalecido enormemente, al punto que el mismísimo Presidente se ha visto obligado en su discurso de anoche no solo a reconocer su victoria, sino sobre todo a reconocer su legitimidad como líder y su validez como interlocutor.

Mención muy especial merece el prefecto Virreyra, de Potosí. Si hubiera apostado sobre los resultados del referéndum, hubiera ganado en todos los casos, excepto Potosí. No solamente el señor Virreyra logró ratificarse, sino que ha cuasi duplicado su votación del 2005, ha logrado el resultado favorable más contundente de todo el país (75% a favor), e incluso se ha posicionado como un hombre fuerte del MAS en un abrir y cerrar de ojos, y todo ello sin haber realizado grandes obras de infraestructura ni haber tenido gran protagonismo en el debate previo al día de votación.

El resultado de la votación trae tres grandes contradicciones a la agenda, tres puntos de dialéctica que son los que se confirman, pues ya preexistía, se profundizan y se ubican como los tres temas que van a definir la agenda política de los próximos años.

  1. Oriente-Occidente: La más obvia dialéctica es ésta. El MAS se ha posicionado e incluso me atrevería a decir atrincherado en los cuatro departamentos “collas”: La Paz, Oruro, Potosí y Cochabamba. La oposición ha tomado posiciones de combate en Pando, Beni, Santa Cruz, Chuquisaca y Tarija. El MAS controla a la mayoría de la población, la oposición a la mayoría del territorio, y, lo que es mucho más importante, los recursos estratégicos, excepto la minería tradicional. A no olvidarse que previo a este referéndum el MAS ya había perdido importantes territorios en Chuquisaca y el Chaco. Esta dialéctica, por supuesto, no es casual. Los departamentos de la media luna, excepto Chuquisaca, son departamentos donde no existe presencia política aymara, a pesar de la cantidad de colonizadores, que hacen el grueso del masismo en esas tierras. Sus formas de producción son mucho más occidentalizadas (valga la paradoja geográfica) y sus referentes son mucho más americanizados, mientras que en el Occidente la presencia política aymara es muy poderosa e influyente, los medios de producción son mucho más compartimentalizados y tradicionales y los referentes externos son más bien europeo-socialistas. Pero sobre todo, en Santa Cruz la riqueza de celebra y se pavonea, mientras en La Paz la prosperidad es sospechosa. Y esto es lo que más preocupa a todos. No nos entendemos entre Oriente y Occidente porque simplemente vemos al mundo de maneras distintas.
  2. Campo-ciudad: Escarbando un poco más profundamente los resultados, encontramos que existen también una fuerte contradicción entre lo urbano y lo rural. Si bien Evo se la lleva en La Paz urbana, sobre todo en El Alto donde sigue siendo una suerte de héroe mítico, en la ciudad de La Paz su fuerza mengua de manera muy significativa, aunque todavía tiene de su lado a la mayoría. Similares fenómenos ocurren en Oruro y Potosí, donde las ciudades cabeza de departamento tienen más dudas sobre Evo que el resto de la circunscripción.

En el Oriente, la tendencia es más discreta: en general, los cinco departamentos opositores son contrarios al MAS tanto en el campo como en la ciudad. Pero las diferencias entre el “Sí” y el “No” se acentúan significativamente en las áreas urbanas. En Santa Cruz, por ejemplo, Evo perdió en el campo con un 58% de “No”, mientras que en Santa Cruz de la Sierra esa cifra sube a casi 80% de la votación.

Lo preocupante, en realidad, ocurre en los valles. En Cochabamba, en Chuquisaca y en Tarija la votación del campo y la de la ciudad son diametralmente opuestas. En Cochabamba la victoria de Evo fue contundente y la derrota de Manfred también, pero si uno pone la lupa sobre el Cercado la figura se invierte, gana Manfred y pierde Evo. En Sucre, como no ha habido revocatoria de Prefecto, la comparación no puede calzar de manera exacta, pero claramente el 40% de respaldo departamental que tiene Evo es exactamente el mismo que votó por el candidato del MAS en las recientes elecciones departamentales de Chuquisaca, y están localizados en las áreas rurales de ese departamento. En Tarija, el Prefecto Cossío haría bien en poner sus barbas en remojo, a pesar de haber ganado el referéndum, pues quedó claro que en el campo tarijeño, sobre todo en el Chaco, no lo quieren.

  1. Caudillismo-partido: Una última dicotomía se presenta dentro del propio MAS. No ha quedado del todo claro si la gente ha votado por el proyecto político o por el líder, es decir por el partido o por su caudillo. La divergencia entre los resultados electorales en los dos únicos departamentos gobernados por el MAS podrían aclarar la figura, pues casi 80% de los orureños le dijeron “Sí” a Evo y a la vez 55% le dijeron “No” a Aguilar. En Potosí, el contundente 75% de apoyo a Virreyra difícilmente podría ser explicado por un voto consigna del MAS, si se compara con el menos contundente 68% que obtuvo Evo en la misma circunscripción.

Esto debería preocupar al Instrumento Político, como le llaman sus creadores. Si bien es evidente el liderazgo de su jefe, y no hay razón para dudar que sea él el que los ha llevado a las consecutivas victorias electorales, de ahí al caudillismo hay una diferencia importante. Siendo éste un mal común en la política boliviana, la idea de “cambio” y de “revolución” deberá incorporar la noción de un partido estructurado sobre sus bases sociales, no sobre el liderazgo de su caudillo. Lo contrario significaría que el aparato que sostiene la gobernabilidad para ese líder es endeble y frágil, lo cual ha sido aprovechado muy bien, hasta ahora, por la oposición de las regiones, y no tanto por la oposición parlamentaria que, una vez más, se ha aplazado.Esta fragilidad es la causa por la cual el desempate histórico del 2005 no ha durado más que algunos meses, es la razón por la cual el gobierno se ha visto forzado a intentar tan fuerte apuesta como fue el referéndum de ayer, y es el motivo por el cual el estancamiento político se ha mantenido con este referéndum. El MAS, como partido, no ha logrado posicionarse en territorios nuevos, ha perdido su base social en algunos otros y solo se ha podido fortalecer ahí donde ya dominaba, por lo que considero que es esta partido el gran perdedor, a pesar de la victoria de su líder. Vaya paradoja.

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