Santa Cruz de la Sierra

Posted on 03/02/2009

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Ironías de la vida: A Santa Cruz fui a ver cómo se hace que un mercado sea saludable. Es nomás cierto que algunas reformas requieren primero que la situación haya llegado al punto más crítico posible para que las autoridades adquieran la voluntad política de hacer algo. La ciudad con los mercados más contaminados, malsanos y peligrosos de Bolivia comenzó a reformar por completo estos equipamientos.

 

Pero no quiero aburrirlos hablando de trabajo. Con la excusa que comencé a contar arriba y gracias a la OPS, volví a Santa Cruz de la Sierra luego de trece años.

 

Los cambios no me han parecido tan radicales, a diferencia por ejemplo de Tarija, aunque sí ha crecido enormemente la ciudad. Las distancias en Santa Cruz son enormes y el calor es agobiante (¡35º a la sombra el viernes!), por lo que no tener auto es un serio handicap. Aunque me di el gusto de caminar grandes distancias tempranito en la mañana (antes de ir a trabajar) o al anochecer, definitivamente Santa Cruz no es ciudad para peatones. El sistema de anillos y radiales es muy práctico para la circulación, pero hace muy peligroso andar a pie, pues los autos van muy rápido, y cruzar la calle por la cebra y con el semáforo en rojo no es una cuestión de educación ciudadana sino un asunto de supervivencia. Con todo, he notado (aunque mi amigos cruceños no me crean) que el tráfico es allá mucho más disciplinado y ordenado que en La Paz.

 

No tuve dificultad, gracias a un plano comprado al lado del correo, en ubicarme rápidamente y recordar dónde estaban las cosas. Lo único que no conocía, pues no existía hace 13 años, era el bulevar Monseñor Rivero. Definitivamente, la existencia de calles con variados cafés-terraza, grandes aceras y jardines hace muchísimo por la civilización de una ciudad. ¡Felicidades a los amigos cambas por ello!

 

También ha cambiado, para bien, la plaza 24 de Septiembre, siendo muy interesante cómo han fusionado en un solo manzano la plaza, la catedral, la Prefectura, la Alcaldía y un nuevo espacio de arte.

 

Hablando de civilizarse, fui a cenar al Jardín de Asia, que es un restaurant japonés-fusión completamente conceptual muy interesante y divertido, pero sobre todo muy hip. Lástima que la comida aunque es buena no está al nivel de excelencia de todo lo demás. Supongo que con el tiempo el chef terminará de definir un sabor más acorde con el ambiente y la atención del local. En cualquier caso, los tiempos en los que lo único que se podía comer fuera de casa en Santa Cruz eran parrillas absurdamente enormes y comida rápida parecen haber terminado – aunque uno todavía puede darse un buen atracón con diversas partes de res al carbón.

 

Todos estos avances en el refinamiento y el desarrollo de una cultura hedonista con fuertes raíces en la mentalidad camba pero que ha tomado mucho también de los miles de brasileños que se fueron a vivir allá, le han dado un nuevo sentido de aventura a Santa Cruz (a parte de la aventura de tener que cuidar la billetera y el celular a todas horas, claro). Sin embargo, encuentro que como ciudad a Santa Cruz le falta todavía mucho “charme”, no tiene el encanto de una capital iberoamericana. Se nota demasiado que es una ciudad nueva, no solo porque ha preservado poco de su infraestructura original, sino sobre todo porque su identidad está muy mal definida, casi llega a ser inexistente, lo cual es una enorme paradoja frente a la identidad del camba que sí está fuertemente marcada y enraizada en la forma de pensar, sentir, hablar y actuar de la gente, incluso de los migrantes (allá me dijeron que “un camba nace donde le da la gana”).

 

Varios signos muestran esta falta de identidad. Los mercados artesanales, por ejemplo, ofrecen o bien productos andinos, que por supuesto ninguna relación tienen con el llano oriental, o bien los mismos llaveritos de madera y cuero que son a mi parecer no solo aburridos y repetitivos, además de poco variados, sino sobre todo son de lo más kitch que tiene la artesanía boliviana.

 

El resto de los comercios pertenece más a Rodeo Drive que a la ciudad más poblada de Bolivia. De igual forma, la arquitectura es, aunque bonita, copiada de otros lados, llana y aburrida cuando se trata de propiedad horizontal, o demasiado gaúcha (sur brasileño) cuando se trata de edificaciones de una o dos plantas. Son la excepción a esta regla algunos hoteles de lujo y algún club social, que creo deberían valorizarse más y servir de ejemplo para los demás equipamientos urbanos.

 

Encima de que la identidad cruceña es escasa en la estructura de la ciudad, la poca que existe se está perdiendo. Extrañé muchísimo en la plaza y sus alrededores los salones de té donde se reunían las señoras a chismear y comer cuñapé y sonso. Salvo que me haya distraído (pues siempre hay con qué distraer la vista en Santa Cruz, eso es bien conocido), solo vi uno de estos salones en la Plaza, y tenía muy poca clientela. Una verdadera pena.

 

Y no, en las fotos no tengo ninguna de las “Magníficas” ni cosa parecida. Ya hay suficientes sitios web con ese contenido y no creo que vaya a aportar nada. Solo me corresponde decir que la belleza de la mujer cruceña sigue intacta a pesar de la globalización. De hecho, sigue intacta gracias a la globalización.

 Esteban

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