La Maldita Palabra

Posted on 06/02/2009

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No se si puedo decir que tuve el gusto de leer este artículo. Mucho peor si puedo decir que me gustó esta respuesta. El racismo es algo tan feo, y tan instintivo, que todos tenemos un poco de él, conciente o inconcientemente. Como todos los rasgos animales del ser humano, la autosuperación y la mejora permanente está en poder encontrar estos defectos y, si no eliminarlos, al menos controlarlos.

Querido Sergio, aunque lo escribiste muy bien, y simpatizo con mucho de lo que dices, hay nomás un dejo racista, quiero entender que enteramente involuntario, en tu respuesta. En este país dividido y basado en la más absoluta desconfianza hacia alter ego, es una pena que alguien que puede tener tanta influencia como tú no logre romper el esquema del yin/yang y alimente, de nuevo involuntariamente, la farisea discusión entre los que alaban y adoran al inquilino de Palacio y a quienes lo desprecian por quién es y no tanto por lo que hace.

Dicho esto, debo ser durísimo con mis amigos de La Mala Palabra, de quienes soy asiduo lector, a pesar de disentir en la mayoría de las cosas que dicen, porque los consideraba de los pocos que argumentan su posición en lugar de echar rabietas contra los “fascistas y vendepatrias”. El artículo al que me refiero, sin embargo, echa por tierra, y mucho peor los comentarios que le siguen, esta buena impresión que tenía.

Los argumentos para sostener que el Conejo Arce es un racista, pero sobre todo el propio hecho de pretender descalificarlo por ello, son de una bajeza demasiado similar a las sesiones de insultos gratuitos de RTP y otros rabiosos y babeantes fanáticos de una idealización absurda de la política. ¡Vamos muchachos! Ustedes son mucho mejores que esto.

Un artista no puede calificarse como bueno o malo por su posición política, así como un político no puede calificarse como bueno o malo por sus gustos musicales. Lo que he tenido que leer en esta discusión no hace más que confirmar mi temor de que la intolerancia nos está haciendo retroceder a los tiempos en que los libros (y los discos) se tiraban a la hoguera. Tanto, que algún comentario en el blog literalmente lo sugiere.

Me parece que es tiempo de detenernos un rato y pensar bien lo que estamos haciendo. No vaya a ser que por mucho acariciar al cachorro acabemos matándolo, como en Of Mice and Men. No solo la gente tiene derecho a disentir, a ser críticos y señalar los errores, sino que tiene la obligación de hacerlo. Eso, porque la gente, incluso las celebridades, e incluso los políticos, tiene derecho a ser estúpida de vez en cuando, a lo que no tiene derecho es a persistir en su estupidez.Esteban

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