Mar de la Tranquilidad, 1969

Posted on 20/07/2009

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Cumplir 40 años no es poca cosa. Recordar que hace cuarenta años dos seres humanos posaron los pies en la superficie de la luna es aún más relevante.

Los motivos quizás no fueron los mejores. La vanidad y el orgullo fueron el combustible que alimentó al cohete Saturno V. Dos de los siete pecados capitales, para los que estudiaron su catequismo. El símbolo que representó a la humanidad en la conquista de ese territorio inexplorado fue la bandera de un solo país, que a la sazón en esas fechas combatía una guerra sangrienta en el sureste de Asia, socapaba gobiernos militares en Latinoamérica, creaba países marioneta en las islas del pacífico para tener más votos en la Asamblea General de la ONU, y su presidente era uno de los personajes más funestos de su historia, solamente superado por George Walter Bush en los índices de impopularidad en su país y en el mundo.

Y sin embargo, hay mucho que celebrar. El Eagle, que fue la nave que se posó en la cara blanca de la luna, tenía una computadora de bordo cuya capacidad era menor a la de una lavadora actual. Entre los astronautas y los peligros del espacio solo había una delgada capa de estaño y poliuretano, igualita a la que envuelve los cereales del desayuno dentro de la caja. En otras palabras, es un gran logro llegar hasta allá, pero encima con tan poca tecnología y corriendo tantos riesgos, se trata pues de una aventura épica más que memorable.

¡Ah! Y a los teoristas de la conspiración que dicen tener “pruebas” de que nunca fuimos a la luna, les digo en buen paceño ¡son huevadas!

 Esteban

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