Wieluń y Westerplatte, hace 70 años

Posted on 01/09/2009

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El 1º de septiembre de 1939, al día siguiente de haber militantes del partido Nazi atacado una radio alemana aparentando ser comandos polacos, el gobierno Nacional Socialista instruyó el inicio de la Polenfeldzug, invadiendo Polonia en los puntos fronterizos de Wieluń y Westerplatte.

Con estos eventos, se precipitó el inicio de la II Guerra Mundial, conflagración que costó más de cincuenta millones de vidas humanas, ocho millones de ellas en campos de exterminio y al menos doce millones de muertes en los bombardeos a civiles protagonizados por ambos bandos.

Ríos, mares y lagos de tinta han corrido desde todos los puntos de vista, incluyendo los revisionistas, sobre las causas de la guerra más sangrienta de la historia humana, así que no me voy a meter a hablar sobre algo que cientos, incluso miles de autores ya han dicho.

Un comentario en Facebook, esta mañana, de mi querido amigo y compañero Javier Zárate, me dejó sin embrago pensando. ¿Hemos aprendido algo desde entonces? La tendencia general pareciera ser a pensar que no. Sin embargo, yo soy más optimista. Si bien la intolerancia, el racismo y el fascismo aún gozan de buena salud, creo que el mundo ha avanzado mucho sobre estos temas, aunque algunos países mucho más que otros. Los principios que guiaron la creación de la Organización de las Naciones Unidas, que es, pienso el efecto más positivo de esa horrible guerra, siguen plenamente vigentes, aunque su efectividad sea aún sumamente baja. Los deseos de desarrollo igualitario, de respecto a la soberanía de los pueblos y de lograr finalmente la paz mundial son aún los paradigmas para la mayoría de los países, aunque hayan tantos otros que insisten en ser la excepción.

Con todos los conflictos internos y los desacuerdos de políticas que puedan haber, las victorias electorales de Evo, Obama, Mandela en su época o tantos otros procedentes de minorías (en el sentido político del término, por supuesto) hubiesen sido impensables antes de 1945. La descolonización (la verdadera, no los discursos milenaristas) ni siquiera hubiera empezado, pues las potencias mundiales seguirían pensando que saben mejor que los pueblos no caucásicos cómo lograr su “civilización”. Habría también que preguntarse si la revolución de la contracultura hubiese sido posible, si la globalización (con todas sus ventajas y desventajas) existiría, si estaríamos en este momento aprendiendo a ser tolerantes con las opciones sexuales diferentes o si nos estaríamos preguntando hoy cómo puede un simple ciudadano cambiar el mundo.

¿Hemos aprendido algo de la II Guerra Mundial, sus causas y consecuencias? Sí, hemos aprendido mucho, el problema es que nos olvidamos frecuentemente lo que hemos aprendido.

 Esteban

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