Evo y el padrón biométrico

Posted on 16/10/2009

0


Se cerró con enorme éxito el proceso de registro biométrico en el padrón electoral. Resulta que habíamos sido mucho más de lo que pensamos: casi 4,8 millones de votantes sin contar unos cien mil en el exterior. Considerando que en el último referéndum votaron 3,9 millones de personas, esto significa un crecimiento de 23% en solo ocho meses.

Asumiendo como es debido que todo el proceso ha sido absolutamente transparente y ya no se han registrado muertos ni aparecidos – esta asunción por supuesto se basa por entero en una percepción subjetiva de credibilidad de la CNE – podría de entrada afirmar que Evo ha hecho un gran negocio.

En efecto, los novecientos mil nuevos votantes representan en su abrumadora mayoría a la gente que no tenía oportunidad de votar en las anteriores elecciones pues es bien sabido que el sistema político anterior no tuvo nunca interés alguno en llegar a los lugares más recónditos del país, y, por simple deducción lógica, la abrumadora mayoría de estos nuevos ciudadanos en ejercicio agradecerá su nueva cualidad política con un voto favorable al gobierno, pues ignorarán que el mérito es de una institución independiente o incluso que el propio Evo se opuso rabiosamente al inicio a este nuevo registro. A sus probables 2 millones de electores acaba de agregar por lo manos medio millón más, sin haber gastado un peso para ello. Gran negocio, por cierto.

Pero no acaba ahí. Además de ello, Evo logró disipar al menos relativamente las dudas sobre la validez de las elecciones del 6 de diciembre. Haciendo el cálculo de que no le será demasiado difícil lograr la mayoría absoluta, la legitimidad (si no total al menos suficiente) que le habrá dado al proceso este nuevo registro es mucho más valiosa que una victoria más contundente pero cuestionada automáticamente por sus opositores. Una vez más, la oposición ha servido de tonta útil a los propósitos del MAS.

Solo le queda un problema ahora a Evo. Ganar las elecciones presidenciales es fácil, revertir el bloqueo legislativo, que fue el motivo inicial para convocar a elecciones, no lo es tanto. Evo está apostando muy fuerte a su partido y su propia imagen personal, calculando que el voto cruzado no se dará o se dará muy poco. Es una apuesta acertada, pero tiene sus peligros: La oposición regional, aunque muy debilitada y dividida, usará la misma consigna para votar en contra, buscando replicar el senado opositor actual e incluso tratando de ganar algunos espacios adicionales en la nueva Asamblea Plurinacional (sí, ya sé, como un locutor de fútbol, acá estoy diciendo cosas obvias). En otras palabras, las elecciones de diciembre no son realmente elecciones nacionales, son más bien elecciones legislativas.

Algo que llama la atención ha sido, de manera diametralmente inversa a lo sucedido en el interior del país, la absoluta apatía de los bolivianos en el extranjero. Tras tanta presión por tener el derecho al voto, los emigrantes bolivianos solamente representan el 2% del padrón, mucho menos del 6% que señala la ley. En esto Evo se arriesgó en quedar como tonto si insistía en ampliar el porcentaje permitido por la ley. Para su suerte se calló a tiempo.

Luego de estos dos grandes grupos de nuevos votantes, hay un tercer grupo que resulta interesante analizar. Se trata de las personas que, por principio, apatía o cualquier otra razón, voluntariamente no votaba en las elecciones y que ahora ha decidido participar. En efecto, lo mucho que está en juego, la extrema polarización del país y la sensación de que se debe hacer “algo” a favor o en contra – más bien en contra en este caso – del llamado “proceso de cambio” ha podido más que la aversión por los políticos o lo político. En este grupo, las perspectivas del oficialismo no son buenas, pero probablemente no logre tener un impacto muy significativo sobre el resultado final.

Veremos qué pasa.

 

Esteban

Anuncios
Posted in: Evadas