Cuatro años de “Proceso de Cambio”: Lo bueno, lo malo y lo feo

Posted on 27/10/2009

0


Ante la inminencia de las elecciones nacionales del 6 de diciembre, que más son elecciones legislativas en realidad, es bueno detenerse un momento a hacer una reflexión sobre los hechos y milagros del gobierno de Evo, esperando pueda servir para tomar la decisión correcta el 6 de diciembre. Con música de fondo de Enio Morricone, habrá que ver lo bueno, lo malo y lo feo de la gestión para tratar de encontrar una posición objetiva.

 

LO BUENO

Es necesario empezar con un ejercicio de humildad y autocrítica. No todo lo que hizo el gobierno actual fue malo. De hecho, hubo algunos aciertos importantes. Quizás el más importante y el de mayor impacto fue más simbólico que real, aunque se ha basado efectivamente en algunos hechos concretos. En efecto, el sentimiento de inclusión, de participación de los menos favorecidos, es probablemente el mayor logro del MAS, aunque se ha obtenido en su mayor parte con métodos poco recomendables, basados esencialmente en la inversión de las formas “tradicionales” de exclusión. No obstante, contribuyeron también en gran medida políticas muy positivas y que deben ser aplaudidas, tales como la alfabetización masiva y la redistribución directa, aún rentista, de los frutos de la pseudonacionalización.

También cuenta a favor del gobierno, y de nuevo aunque se hayan utilizado métodos non sanctos, el hecho de que a pesar de todo, la economía se ha mantenido relativamente estable. La ironía de ello es que una de las más fuertes críticas al área económica del gabinete fue en su momento que no se ha sabido aprovechar mejor la bonanza en la que el MAS recibió el gobierno, pero inversamente en momentos de profunda crisis mundial los efectos se han sentido poco o nada en el ámbito nacional.

 

LO MALO

Lo malo y lo feo se sobreponen mucho en este análisis, pero vale la pena un esfuerzo por distinguirlos. La diferencia entre lo malo y lo feo es que esto depende más del instrumento político y no del gobierno propiamente dicho, mientras que aquello son los problemas, errores o simples pachotadas del gobierno mismo. La dificultad de distinguirlos viene sin embargo del hecho de que en este “proceso de cambio” hay muy poca diferencia entre partido y gobierno.

Lo malo arranca en toda evidencia por la grave doble moral del gobierno. Las acciones de la oposición, sea partidaria, regional o apolítica, no importa cuán positivas sean son para el gobierno malas por definición, incluso criminales en la mayoría de los casos. Inversamente, las acciones de los actores aliados o afines al gobierno, y por supuesto las del propio gobierno, no importa qué tan criminales, idiotas o suicidas sean, son ensalzadas como brillantes, revolucionarias y heroicas.

Lo que es peor, todo acto opositor, crítico o cuestionador se ataca descalificando, insultando e incluso persiguiendo judicialmente a su perpetrador, o a quien el gobierno cree ser su perpetrador aún sin tener evidencias, convirtiendo al nuevo Estado Plurinacional en un verdadero estado policial que persigue a las personas por ser quienes son y no a los hechos por ser contrarios a la Ley.

La absoluta incapacidad de escuchar críticas ha llevado al gobierno a creerse autosuficiente, cometiendo errores garrafales, a veces infantiles, en la administración de la cosa pública. La evidencia más fuerte de ello es el caos administrativo que existe en casi todos los ministerios, el diálogo de sordos entre ministros y viceministros que les fueron impuestos, el desastroso manejo del presupuesto, la nula planificación (El PND no ha pasado de ser un saludo a la bandera), y sobre todo la aprobación a marcha forzada y claramente digitada desde Plaza Murillo de una Constitución Política del Estado contradictoria, incoherente, autoritaria e inaplicable que el propio gobierno viola sistemáticamente  con tal de mantener su poder.

Dicho de otra manera, si la gestión social ha sido en general buena, y la gestión económica ha sido aceptable aunque no maravillosa, la gestión política ha sido desastrosa. La conspiración constante, la persecución y mordaza a cualquier cosa que huela a oposición, incluyendo a los órganos del poder judicial, la mentira descarada, la paranoia y la falta de escrúpulos han caracterizado el manejo del gabinete político, conducido por García Linera, Quintana, Rada y demás acólitos k’ara-oportunistas sobre bases filosóficas muy discutibles.

 

LO FEO

Sobre los mismos principios filosófico-políticos del linerismo se ha construido un aparato político con profunda vocación totalitaria y represora. El MAS, conjunción e instrumento político de las más diversas tendencias, desde el fascismo indianista hasta el altermundismo ingenuo, pasando por el estalinismo trasnochado y sobre todo el falso sindicalismo pequeño burgués (comerciantes minoristas, contrabandistas, pequeños propietarios de tierras agrícolas y transportistas, todos dueños de su capital y muchos dueños del trabajo ajeno), todos ellos disfrazados bajo el eufemismo llamado hoy “movimientos sociales”, han anulado casi por completo cualquier resquicio de lucha obrera, ya tan venida a menos durante el neoliberalismo, quedando solo una pequeña facción de la vanguardia minera todavía en pie; han cooptado todos los espacios de debate popular apartidista, e incluso han llegado demasiado frecuentemente a la agresión física y la intimidación a cualquiera que exprese una opinión contraria al MAS, incluyendo inofensivos enfermos mentales.

Si bien felizmente ha habido un relativo relajamiento de la presión opresiva del instrumento político a todo lo que pudiera cuestionar su derecho propietario sobre la verdad y la salvación de la Patria, pues los peores años de esta polarización absoluta fueron el 2006 al 2008, llegando a su punto más alto en la cuasi guerra civil de septiembre del año pasado, no ha dejado de existir la amenaza, el insulto y el ataque físico al calor de las masas a cualquier otro color o bandera política que no sea azul, negro y blanco, incluso cuando la otra bandera es la del supuesto aliado político del MAS.

 

Haciendo pues un balance de todos estos elementos, cabe concluir que la política social, si bien acertada, es la continuación y profundización de políticas previamente existentes, y no podría considerarse como patrimonio exclusivo del partido gobernante. De la misma manera, la relativa calma económica no se debe únicamente a la habilidad de “Superluchito”, pues han contribuido factores externos muy importantes como los altísimos precios de las materias primas de las que, a pesar de todo el discurso oficial, sigue dependiendo la economía boliviana. En contrapartida, la mala gestión política y sobre todo la conformación del estado policial son méritos propios del MAS, aunque con alguna ayuda de una oposición oligofrénica y gravemente carente de imaginación.

Aunque discrepo diametralmente casi siempre y casi en todo con el ultraderechista Manfredo Kempff, debo nomás admitir -no sin vergüenza- que coincido con él cuando sentencia en su columna de La Razón no saber por quién votar en diciembre, pero saber muy bien por quién NO votar.

 

Esteban

Anuncios
Posted in: Evadas