Sobre “Una oposición de juguete”

Posted on 09/12/2009

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Ayer mi querido amigo y compañero de escuela Coco Dulón publicó en su columna en La Razón su interpretación de las causas que provocaron el estrepitoso fracaso de la oposición en las elecciones del domingo pasado. Coincido en gran medida con su perspectiva, pero me parece que vale la pena agregar algunos apuntes adicionales que, me imagino por falta de espacio o de tiempo, no se han anotado en “Una oposición de juguete”.

 

No tengo la menor duda de que la miopía política de la oposición la ha llevado a repetir los mismos errores que los ha venido desgastando hasta la inanición, lo cual explica en gran parte el fracaso. Sin embargo, creo que hay que tomar en cuentas estos elementos adicionales:

 

         Obtener un 25 a 27% de la votación, para Reyes Villa, si bien significó un fracaso en términos de objetivo inmediato, si se compara con los resultados electorales de la derecha conservadora en las elecciones de 1997 y de 2002 resulta ser nomás la ratificación de que un cuarto del electorado teme los cambios bien o mal llamados revolucionarios, y tiende a proteger su pequeño espacio de poder. En este entendido, si bien se fracasó en la búsqueda del objetivo inmediato, el fracaso se relativiza un poco.

 

         Lo que sí ha fracasado estrepitosamente, cayendo de una aceptación de un tercio del electorado en 1993 y un cuarto en 2002 a menos de diez por ciento es la propuesta neoliberal en el sentido más estricto de la palabra, la “otra” derecha, tercera viísta, representada por Samuel Doria Medina y en menor medida por René Joaquino. Aclaro: acá el término se usa totalmente desprovisto de la carga negativa y estigmatizante que se le ha venido dando por los “socialistas del siglo XXI”, que son más neoliberales todavía.

 

         Se ha notado este domingo, más que nunca, que la derecha conservadora no ha sido capaz, o no ha intentado si quiera, estructurar un proyecto político de largo plazo. Peor aún, ante el hundimiento del MNR, que es lo más parecido a un verdadero partido político que ha existido en el último medio siglo, no ha quedado ninguna agrupación conservadora que tome la forma Partido, escudándose sistemática y sintomáticamente en la formas “Agrupación Ciudadana”, que además de no ser la forma adecuada el menos en el espíritu que se le dio con las reformas constitucionales de 1994, se caracteriza por la búsqueda de objetivos exclusivamente cortoplacistas.

 

         En lo que no concuerdo con Coco es la insistencia en que se ha buscado un perfil inadecuado en los candidatos, venidos a menos por representar el pasado reciente, un “ancien régime” del que la gran mayoría no quiere ya saber. Sin embargo, esto no explica porqué a candidatos con una exposición mucho más reciente, y que no pueden tildarse de ser parte de ese régimen, les ha ido mucho peor, no logrando ser siquiera tomados en serio. El caso de René Joaquino ha sido muy ilustrativo. En lo personal, creo que su fracaso se ha debido más a su incapacidad de construir alianzas con otras fuerzas políticas alternas, notablemente líderes locales, que a una imagen negativa de su persona.

 

         Más tenue es el caso de Samuel Doria, que si bien puede ser identificado con el MIR del 89-93 ha trabajado muy fuerte y con relativo éxito en minimizar esa faceta de su vida, y ha trabajado mucho en su imagen de empresario exitoso y con responsabilidad social y ambiental. En este caso, su pecado ha sido más bien su amarillismo, poco tentador en tiempos de la polarización irracional, que aunque sea de dos tercios versus un cuarto no deja de ser polarización.

 

         Para consuelo de la derecha, y ojalá un próximo retorno al sistema de frenos y contrapesos, la oposición actual no puede ya caer más bajo, y es probable que se pueda reestructurar con nuevos liderazgos y un proyecto más a largo plazo en los cinco años que tienen para meditar y mirar de palco cómo se construye – o se destruye – el devenir político de Bolivia.

 

Como fuere, concuerdo plenamente con Coco en su conclusión: la dinámica política, la dialéctica y la alternancia en el manejo de la cosa pública sólo tendrán un futuro cuando los bolivianos tomemos mayor responsabilidad respecto del interés común y el bien público. Entre tanto, la chacota continuará.

 

Esteban

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