¡Feliz Navidad!

Posted on 23/12/2009

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“Aquel que es la Palabra

habitó entre nosotros

y fue como uno de nosotros.”

Jn. 1:14

 

Ustedes se preguntarán qué diablos hace un ateo citando al evangelio de Juan. Partamos de lo que decía Isaac Asimov: la mejor manera de volverse ateo es leyendo la Biblia. Si se lo ve desde el punto de vista mitológico-fantástico que es la base fundamental de la fe cristiana, por supuesto, la interpretación de lo que dice el apóstol se hace inverosímil: El creador de todo, el todo poderoso y omnisciente, el principio y fin, el que los judíos llaman JHV porque es tan enorme que es innombrable – de hecho decir su nombre es pecado – se convirtió en un simple humano, con todas las miserias y defectos que nos caracteriza.

Este es un dogma fundamental para los cristianos. En su infinito amor, por 33 años Dios se hizo vulnerable, para ofrendar la vida. Solo que no era Dios, era su hijo. Pero no era su hijo, porque el Espíritu Santo lo concibió. Por eso, resulta al final que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son lo mismo pero son uno solo. Incomprensibles chapucerías del poder eclesial.

Ahora, interpretado de atrás para adelante, como se debe hacer frecuentemente con cualquier poema en verso, dice todo lo contrario. Habla de un Jesús de Nazareth humano, como cualquier de nosotros, pero que se hizo extraordinario, un verdadero revolucionario que tomó la interpretación de la fe judía y la cambió por completo. Su Dios ya no era vengativo y cruel, sus mandamientos ya no justificaban leyes represivas y retributivas, y profesó el amor y la paz como único camino de salvación humana. No solo eso, el hombre habló de la utopía, de la realización absoluta de la humanidad a través del perdón y el arrepentimiento, y sobre todo mediante el reconocimiento de un solo poder, el divino, y la hermandad de todos los seres humanos.

¡Pero si el hombre fue casi un anarquista! Claro, en el siglo I me parecería un poco difícil que alguien se atreviese a hablar de la inexistencia de Dios, peor si los conocimientos científicos eran tan pocos que la mayoría de los fenómenos naturales se explicaban como intervención divina, pero por todo el resto, la Palabra convertida en hombre es simplemente una forma muy poética de decir que un hombre mediante su verba cambió el mundo para siempre.

En todo caso, aún un anarquista ateo como yo celebra la navidad. La fecha es arbitraria, el año equivocado y la interpretación de lo que sucedió chapucera, pero nada de esto impide mostrar mi admiración por el revolucionario, idealista, pacifista a ultranza y mártir que intentó enseñarnos el verdadero sentido y valor del amor. ¡Feliz Navidad a todos!

 

Esteban

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