Solidaridad con Haití

Posted on 14/01/2010

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A veces nos olvidamos que Haití es parte de nuestra América Latina. Es más, ni siquiera hablan español. Sin embargo, desastres como el del martes 12 nos sacan de nuestra burbuja y nos hacen reaccionar con una mezcla de pena, indignación y compasión.

Imagínense vivir en el país más pobre – por mucho – del continente, donde más del 80% de la población vive bajo la línea de la pobreza (De acuerdo, Bolivia no está mucho mejor, así que no es difícil imaginar). Imagínense que esa pobreza es parte de un círculo vicioso, donde la violencia, la inseguridad, la inestabilidad política y económica y las frecuentes conflagraciones civiles son a la vez causa y efecto de esa pobreza. Imagínese vivir en un país donde religiosamente cada año lo poco que logran acumular los habitantes se pierde por efecto de los huracanes. Imagínese vivir en un país donde la escasez de tierra cultivable es tan crónica que es necesario importar los alimentos más básicos, y existen muy pocos otros recursos naturales explotables. En ese escenario tan dramático, imagínese que una tarde de un día hábil, cuando la capital bullaba de actividad, de repente la tierra se sacude violentamente, y las casas, edificios, tiendas, oficinas, escuelas y hospitales se derrumban, sin advertencia previa. Lo que queda no alcanza para atender a los heridos, los muertos son dejados en las calles, miles y miles de personas se quedan sin un lugar para dormir y se ven obligados a apiñarse en las plazas y parques, los padres no encuentran a sus hijos…

Decenas de miles, quizás incluso más de cien mil, dejaron sus vidas el martes pasado. Cientos de miles lo han perdido todo, sea por la propia devastación o por el pillaje que se presentó poco después. Y siendo un país tan pobre, Haití no tiene cómo atender a los afectados, sanar a los heridos, enterrar a los muertos, proteger las pocas posesiones de la gente. La reconstrucción tardará años. Sólo queda la esperanza de que semejante tragedia provoque un cambio real en la forma de hacer las cosas en ese país hermano, y pueda por fin iniciar el camino del desarrollo y la justicia.

Entre tanto, toda nuestra solidaridad con el hermano país caribeño.
 
Esteban
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