Sur del Perú, 2010

Posted on 02/02/2010

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Después de dos relajantes semanas, vuelvo a La Paz, y a mi blog…

Tras dos años de ausencia, volví a las playas de Camaná y sus alrededores, cuyas fotos subiré a este blog a medida que el sistema me lo permita.

Para destacar, algunos lugares que conocí o a los que volví. Estando en Camaná, me fui de paseo a Quilca, Aplao y el valle del Majes, Arequipa, Ocoña y en el camino de vuelta Torata.

Quilca ya conocía, pero no la pude apreciar bien la anterior vez. Esta vez me entré al embarcadero donde los pescadores dejan su producto del día, y pude ver de cerca de los pelícanos y los lobos de mar que se pasean por ahí, esperando les toque su ración de pescado fresco. Nomás que los malditos lobos de mar no querían dejarse sacar fotos.

Lo más lindo para mí de ir a Quilca sin embargo siempre es el camino, que es una mezcla de arcilla, arena y polvo ligeramente afirmados pero que lo hacen a uno pensar que está en una especial de Rally, con el plus de unas vistas espectaculares del mar y los acantilados.

El valle del Majes en cambio no solo no lo conocía, sino que ni sabía antes de su existencia. Las huellas de dinosaurio no son la gran cosa, hay mucho mejores en Toro Toro y cerca de Sucre, pero los petroglifos de Toro Muerto sí que valen la pena, además de que el caminito de acceso es de lo más bucólico, y que para ser un atractivo turístico peruano es muy accesible el precio de entrada al sitio (Otros lugares como el Colca cuestan 9 veces más caro, y ni hablar de Cuzco y Machu Pichu). Además el vallecito es precioso, como lo son en general todos los oasis de la región, y el pueblo de Aplao es de lo más simpático, especialmente su Plaza de Armas y la vía del mercado, que por desgracia no recuerdo su nombre.

En Arequipa solo estuve un día, solo para hacer compras (¡el cambio favorable me permitió comprar un televisor LCD de buena marca casi 200 dólares más barato que en la Eloy Salmón!), pero pude entrar por primera vez a la iglesia de San Agustín, ¡donde entre otras está la efigie de la Virgen de Copacabana! Y por supuesto pasear un par de horas por el precioso centro histórico.

Ocoña tampoco era un lugar nuevo, aunque no había ido por ahí desde el 2006 y nunca había entrado al pueblo mismo, que aunque no tiene gran cosa que ofrecer tampoco es para nada feo – el bulevar que construyeron hace un par de años está bastante bonito.

La sorpresa fue Torata. Aunque en mis ya repetidos viajes La Paz – Desaguadero – Moquegua – Camaná es paso obligado, siempre había usado la vía de evitamiento. Esta vez, al regreso a La Paz, con la excusa de parar a almorzar algo, entramos al pueblo mismo, y nos encontramos con unas callecitas estrechas y bordeadas de casitas de adobe y paja que me recordaron mucho a la Cochabamba que todavía existía cuando yo era niño, una Plaza de Armas muy bien cuidada y con árboles seguramente más que centenarios (¡también los había en Aplao!) y una iglesia probablemente reconstruida, pero aún así muy bonita. Lo que no encontramos fue comida, porque eran las 11 de la mañana (salimos de Camaná a las 7:00. Nada mal, ¿no?) y los restaurantes no estaban todavía atendiendo. Me quedé con ganas de probar el arroz al pato que anunciaba aquél al que entramos a preguntar si había atención.

Otras impresiones del viaje. Uno: no entiendo de qué se quejan algunos. Los peajes son caros, pero valen cada céntimo, los caminos (salvo Puno-Juliaca que hay que evitar a toda costa) son muy buenos, anchos, bien señalizados, se los mantiene con frecuencia. Dos: Lo que sí siento que ha decaído es la calidad de trato de los policías, o “Tombos” como les dicen allá. En cada control que tropecé intentaron encontrarme algo para sacarme plata. Felizmente no me ha faltado nada y no les he dado el gusto, pero eso de que “para las velas de la Santa” ya me lo conozco. Es algo que nunca me había pasado antes, ni siquiera en Bolivia donde la policía es corrupta hasta la médula, y espero que el gobierno del hermano país, que por lo demás parece estar haciendo nomás un buen trabajo, ponga orden en la institución. Tres, y por último: Si bien el crecimiento del Perú se frenó un poco el 2009, se nota y mucho el largo periodo de bonanza económica en toda la costa sur. Felicidades a los “patas” por ello. Lastimosamente, no puedo decir que esa riqueza sea del todo bien redistribuida. Aún hay mucha miseria en la sierra. Ya sería tiempo de hacer algo por los indígenas del altiplano, salvo que se le quiera regalar la presidencia a Ollanta Humala, claro.

 

Esteban

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