Colombia, ejemplo de institucionalidad

Posted on 28/02/2010

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Uno puede estar o no de acuerdo con la gestión del presidente colombiano Álvaro Uribe. Más allá de los apasionamientos pro o anti Chavistas, que suelen ser el punto de partida para formarse una opinión del presidente de su país vecino, Uribe tiene anotado a su favor un profundo cambio en su país, gracias al exitoso plan de “Seguridad Democrática” como él mismo lo ha bautizado, pero también juega en su contra una al menos cuestionable respuesta a la movilización de miles de indígenas que, como es corriente en Sudamérica, reclaman por siglos de exclusión y miseria.

Uribe estuvo a punto de caer, como ya se hace habitual en nuestra región, en la tentación del prorroguismo. Pero a diferencia de otros, los que lo lograron y los que no, fue la vía de la institucionalidad democrática, el tribunal encargado del control de la constitucionalidad, el que se lo impidió. Y, mérito de méritos, el señor Presidente del país granadino, en un discurso corto, claro, sumamente conciliador y sereno, aceptó con enorme gallardía la derrota, anunció su desistimiento de la idea de buscar una segunda reelección, y dio su pleno apoyo a continuar con un proceso eleccionario en el que, por supuesto, competirá un candidato de su propia coalición que no sea él mismo.

Parece que hay mucho que aprender de esta lección. Si bien Uribe ha sufrido una derrota política, no parece ser, aunque habría que tener acceso a su fuero interno para afirmarlo con certeza, que se lo haya tomado personalmente, que se sintiera agraviado o, como algunos líderes mesiánicos en otros países de la región, interprete como un ataque a su nación el que ya no tenga el privilegio de ser guiado por su único e iluminado salvador.

Además del merecido aplauso a la actitud caballeresca y humilde de Uribe, hay que aplaudir al Tribunal Constitucional de ese país. Lo que se puso a su consideración no era poca cosa. El fallo, aunque visto de afuera pareciera una perogrullada, resulta histórico. Por una parte, se trata de haber tenido la valentía de decirle “no” a la máxima autoridad del Estado. Por otra, y creo de manera más importante en estos tiempos en los que la esencia misma del Estado de Derecho está en cuestión, el Tribunal Constitucional colombiano ha sopesado una evidente y clara voluntad popular, es decir del soberano, contrapuesta a una evidente y clara limitación constitucional formal, y, ¡oh sorpresa! triunfó la Constitución.

Felicidades Colombia.

Esteban

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