Qué hay detrás de un lema

Posted on 11/03/2010

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Ha causado gran revuelo en los días recientes la petición del Primer Mandatario al ejército boliviano de cambiar su tradicional lema de “Subordinación y Constancia” por el de “Patria o Muerte Venceremos”. ¿Tanto problema por unas palabras que se gritan en coro en los actos públicos en los que participa la tropa?

En efecto, no se trata aquí de palabras vacías. La carga de simbolismo tras ambos lemas es muy fuerte, e intercambiarlos significaría un trueque de la doctrina filosófica que sirve de base para una institución más antigua que la propia Bolivia – recordemos que el ejército boliviano nació en los campos de Aroma varios años antes de 1825.

Por un lado, “Subordinación y Constancia”, si bien pareciera inocuo pues en su sentido literal estaría más bien defendiendo los ideales democráticos de sumisión a la Ley y a la autoridad civil, tiene un sentido histórico más bien vinculado a los gobiernos de hecho que se han repetido con demasiada frecuencia en nuestra vida republicana. En efecto, “Subordinación y Constancia” no explica a qué se subordina el soldado. Veamos por ejemplo otro lema militar, que por lo demás resulta de lo más kitch: “La Patria tiene que vivir aunque nosotros tengamos que morir”. Ambos lemas combinados en un contexto en el que la doctrina militar se basaba con mucha fuerza en el combate al entonces llamado “internacionalismo comunista” sirvió para justificar la toma por la fuerza del poder, con la excusa de impedir que, como decían en los discursos de entonces, el “trapo rojo” reemplace a la “gloriosa Tricolor”. Visto así, el lema ahora cuestionado por el Presidente del Estado Plurinacional tiene una carga simbólica negativa muy fuerte, lo cual explica el polémico pedido.

No obstante, la otra cara de la medalla tiene también una fortísima carga simbólica. “Patria o muerte venceremos” ha sido el grito de guerra del foquismo de la década de los 60, contra el cual justamente la doctrina anticomunista de las Fuerzas Armadas se oponía con gran violencia. Más allá de lo que uno pueda opinar sobre la aventura del Che Guevara en territorio boliviano, percibida mayoritariamente como un romántico acto de extremo heroísmo y martirio, muy similar al de los primeros Cristianos, el simple hecho de pedir a las Fuerzas Armadas adoptar el grito de guerra de quien consideraron en su momento su enemigo mortal resulta ser una ofensa mayúscula. Y ahí se halla el mayor peligro de esta solicitud. No conviene ofender a quien tiene las armas. Si bien las Fuerzas Armadas han tenido un comportamiento en general muy respetuoso de los gobiernos constitucionales desde 1982, el potencial malestar causado por un cambio tan radical de ideología podría despertar actitudes facinerosas, con el apoyo de ciertas gentes hoy anuladas políticamente pero que no hay duda están esperando su oportunidad para retomar sus antiguos privilegios.

Un muy querido amigo anotaba sobre esta humilde opinión que, más allá de pecar de ofensivo y humillante para los soldados más identificados con la doctrina tradicional de su institución, el pedido presidencial tiene otro pecado: el ser muy poco original.

Esteban

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