Cortes vemos, fraudes no sabemos

Posted on 13/04/2010

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De entrada, debo presentar mis disculpas. Prometí un análisis detallado de los resultados electorales una vez que se tengan datos oficiales al 100% o al menos al 95% a nivel nacional sobre el sufragio del domingo 4, pero no va a ser posible todavía cumplir esa promesa, pues el Órgano Electoral Plurinacional no ha logrado completar la información de Santa Cruz, está fuertemente cuestionado en Beni, donde existe un virtual empate y las cosas podrían cambiar, y en Pando aunque ya no tanto ahora que el partido de gobierno tiene la ventaja.

Esta ha sido una elección en extremo complicada, pero sobre todo fuertemente cuestionada tanto por el gobierno – que consecuente con su norte ideológico no logra distinguirse de su partido político – como por distintos grupos locales opositores y oficialistas, según quién haya resultado perdedor.

No obstante, ninguna de las denuncias, desde las más graves en Beni hasta las más tontas en Camiri, Achocalla o Colomi, termina de convencer. Si bien la elección ha sido muy compleja, las reglas de juego a penas han cambiado algo en 20 años. No es pues la primera vez que los bolivianos vamos a votar con el Código Electoral vigente, y varias de las observaciones hechas por los partidos se resuelven con la simple lectura de esta norma.

Parece que ya nos hemos olvidado la razón por la cual el principio fundamental de nuestro sistema electoral es el principio de preclusión, por el cual los actos que han concluido no pueden ser revisados. En 1989, la entonces Corte Nacional Electoral, dirigida por la que los medios llamaron la “banda de los cuatro” anuló en una revisión de oficio cientos de mesas de tal forma que los resultados que daban una amplia ventaja al MNR, seguido con bastante diferencia por ADN y aún más atrás el MIR, se convirtieron en un “triple empate técnico” como lo bautizó el maestro de la maniobra Oscar Eid Franco, legitimando a la mala la elección en el congreso de Jaime Paz Zamora como Presidente de la República. Por ello, la reforma electoral radical que se hizo, nombrando para empezar a personalidades notables muy respetadas como Huáscar Cajías o Iván Guzmán de Rojas, estableció la prohibición absoluta de revisar los resultados salvo en aquellas mesas que hayan sido observadas por el jurado electoral durante el mismo acto, y por supuesto ni pensar en un recuento manual de votos.

Hay que recordar también que el jurado está conformado por ciudadanos comunes elegidos por sorteo del padrón electoral, que asisten obligados a esa función, guiados por notarios electorales que son por lo general también ciudadanos de a pie que como una manera de ganarse unos pesitos extra ejercen esa función. Si bien no es garantía de imparcialidad, pues cada quien tiene su corazoncito, sí hace sumamente difícil que los partidos coaccionen, presionen o amenacen a estas personas para lograr un resultado favorable, mucho más si consideramos la enorme cantidad de estas autoridades electorales que asumen esas funciones el día de la elección (sólo en el municipio de La Paz hablamos de siete mil quinientos jurados y casi quinientos notarios).

Por otra parte, las acusaciones van en sentido, en la mayoría de los casos, de que la papeleta fue mal diseñada, en la foto el candidato sonríe cuando debía estar serio, o el simple hecho de que el resultado difiere de la proyección que le daban al candidato las encuestas, todas estas acusaciones por supuesto carentes de cualquier racionalidad y dirigidas simplemente a crear duda y minar la credibilidad del resultado. La única acusación que revistiría alguna seriedad fuera el que las mesas observadas por el jurado fueron consideradas en el cómputo cuando debían ser anuladas y la votación repetida. Sin embargo, encuentro dos objeciones a esta acusación. Primero, no existió criterio de oportunidad, pues se acusó cuando las mesas aún no estaban siendo computadas queriendo ganar el partido en mesa cuando el árbitro aún no pitó el final, y segundo, no todas las observaciones son causa de nulidad, pues el Código Electoral prevé expresa y claramente cuándo corresponde anular el acta y repetir la votación.

El tema de la anulación de actas finalmente carece de relevancia en ocho de los nueve departamentos, pues el número de mesas observadas hará variar el resultado final con suerte en el cero coma cero uno por ciento de los votos válidos. Sí es relevante en Beni, pues 30 mesas observadas, es decir alrededor de nueve mil votos, pueden cambiar el resultado, hoy en día con una diferencia de a penas cuatro mil votos entre la agrupación Primero el Beni y el MAS.

Sobre el Beni, sin embargo, hay otro tema que llama poderosamente la atención. Este departamento fue, hasta el 6 de diciembre pasado, casi impermeable al MAS, con derrotas consecutivas muy importantes, por lo que me resulta muy difícil explicar cómo es que el partido de gobierno logra ahora un virtual empate en a penas cuatro meses, mucho peor cuando en términos absolutos su votación cayó de 60671 en diciembre a 60475 en abril, sobre un padrón que creció 3,24% en solo cuatro meses. Esto me hace sospechar que el despelote que se está armando en ese departamento obedece a una estrategia maquiavélica, o mejor dicho quintanesca, destinada a minar la legitimidad del gobernador electo para poder tumbarlo en el momento más oportuno, tal cual se hizo en Pando. Sólo espero que no tenga que correr sangre para ello.

Esteban

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