La cumbre en el valle: de la cima a la sima

Posted on 27/04/2010

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Una vez más, los movimientos ambientalistas, los gobiernos de los países en vías de desarrollo y, en general, los pueblos del mundo desperdiciaron una oportunidad de oro para reencaminar el desarrollo mundial hacia un modelo sostenible.

La conspiración para impedir un cambio real en la forma cómo producimos y consumimos que tenga un real impacto en el daño que le hacemos a nuestro planeta tiene dos caras, muy distintas, pero que llevan al mismo punto muerto. Por una parte, están los conformistas, generalmente liderados por los propios actores de la destrucción de nuestro mundo, que acusan de alarmistas y ecoterroristas a los que advierten sobre los terribles efectos de la devastación de nuestro medio ambiente. Por el otro, están los verdaderos alarmistas y ecoterroristas que le dan la razón a los primeros, por sus actos llenos de ignorancia e irresponsabilidad y vacíos de argumentos científicos y de credibilidad.

Este segundo grupo es mucho peor que el primero, porque sus actores creen que lo hacen muy bien, acusan a todos los males de la humanidad como provenientes de un grupo como siempre generalizado hasta lo inmaterial, a un concepto, a una idea, ataques que solo sirven a su propia agenda política y no permiten avanzar un milímetro hacia la solución de estos problemas. Tanto, que mientras se desgañitan vociferando contra el capitalismo transnacional, en su propio patio se cocinan planes para extraer petróleo en áreas protegidas, se negocian plantas nucleares con Rusia o se construyen papeleras en el Chapare.

El segundo grupo al que me refiero fue, lamentablemente, el convocado a la “Cumbre Mundial de los Pueblos para el Cambio Climático”. Su anfitrión e impulsor, nuestro amado líder espiritual y político, liberador del planeta y defensor de la Pachamama, estuvo a la altura (bajura) de su gran happening social, mandándose las pachotadas más graves que ha dicho desde que asumió la Presidencia hace ya más de cuatro años.

No he visto publicado uno solo de los documentos oficiales que se han emitido en esta gran reunión de gurús new-age, chamanes reinventados, fanáticos activistas y soplapitos variopintos, pero por las declaraciones, comunicados de prensa y demás documentos que sí se han emitido, no me queda esperanza alguna de que los temas hayan sido abordados con un mínimo de seriedad.

Si en Copenhague el fracaso se debió a que los países “grandes” se rehusaron a tomar medidas efectivas de lucha contra el cambio climático, en Cochabamba el club de amigos de Evo simplemente descartó por completo la posibilidad de tomarlas, recomendando políticas irreales y por tanto completamente ineficaces de lucha contra el capitalismo (de todos menos el propio, por supuesto), metas de reducción de emisiones imposibles y exhortaciones a volver a la edad de piedra.

Sobre la responsabilidad de transferir tecnologías limpias a quienes tienen pocas o ninguna posibilidad de desarrollarlas, sobre los estímulos a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, sobre las obligaciones de los países ricos de impedir que la transgenia distorsione los mercados de semillas, sobre la corresponsabilidad en la preservación de bosques y biodiversidad, sobre los efectos ambientales de la pobreza extrema, pero lo más grave sobre los estudios, advertencias y recomendaciones que han dado la comunidad científica mundial, ni en Copenhague ni mucho menos en Cochabamba se ha dicho ni pío.

Ojalá, realmente ojalá, Cancún sea una historia diferente. La esperanza es lo último que se pierde. En fin, como cantó alguna vez Ben E. King:

If the sky we look upon should tumble and fall

Or the mountains should crumble to the sea

I won’t cry, I won’t cry, no I won’t shed a tear

Just as long as you stand, stand by me
 
Esteban
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