Felizmente las vacas no vuelan

Posted on 25/05/2010

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Llama mucho la atención la guerra iniciada entre la estatal Boliviana de Aviación (BoA) y Aerosur, no solamente por el lenguaje utilizado sino por la batalla legal entre la empresa privada y el gobierno.

Por una parte, el gobierno, no la empresa estatal, lanza una serie de acusaciones y acciones administrativas contra la empresa radicada en Santa Cruz, que dañan muy seriamente a su sostenibilidad financiera. Después de todo, la reputación de una aerolínea es un factor esencial, mucho más que en otro tipo de empresas.

De manera resumida, el gobierno ha atacado, sin ningún argumento técnico, la continuidad en servicio de naves con más de 25 años; en una extraña coincidencia, la DGAC suspendió la licencia a dos aeronaves de AeroSur justo después de que el mismísimo Vicepresidente del Estado Plurinacional declarara públicamente que esta aerolínea volaba “carcachas”; poco después, la AFE denunció que la empresa presidida por Humberto Roca no había presentado estados financieros desde el año 2000; finalmente, el Ministerio de Transparencia ha amenazado con iniciar procesos penales al señor Roca por denuncia temeraria y complicidad si no presenta pruebas de las contraacusaciones emitidas por él contra BoA.

Por el otro lado, AeroSur y su presidente se defienden con contraataques dirigidos esencialmente a BoA, denunciando su dependencia del dinero del TGN pues por sí misma, argumenta, la empresa estatal no es sostenible, y que para colmo estos recursos se utilizan de manera poco transparente, adquiriendo bienes y servicios sin licitación, con acciones de competencia desleal y otros delitos y faltas del mismo estilo, además de acusar a las autoridades de la DGAC y ATT de dar un trato privilegiado a BoA, sin ejercer debidamente los controles a los que deben someterse todos los demás. A la vez, intenta ponerse en la posición de víctima de los abusos del monstruo estatal, en un espacio pagado recientemente transmitido en la televisión abierta, tratando de lograr la solidaridad de los empresarios privados, con bastante éxito por cierto aunque el mensaje es realmente lastimero.

Entre todos estos lanzamientos mutuos de estiércol, la realidad de la aviación boliviana es, en un punteo muy rápido, que:

         Ningún operador nacional tiene una flota de última generación, por lo que las acusaciones mutuas de volar carcachas no tiene sentido. La flota más nueva, que es la de BoA, consta de cuatro aviones 737-300 fabricados a principios de los 90, es decir un promedio de edad de 19,8 años. AeroSur tiene una flota mixta, con naves que están entre los 31 y los 10 años de edad, promediando 25,4 años y con tendencia a la baja a medida que vaya incorporando su segundo 737-300 y un 767-300ER. El TAM opera los BAe fabricados a principios de los 80, un avión chino moderno pero que opera sólo en rutas secundarias pues es muy pequeño, y no ha abandonado del todo los turbohélices Fokker y Convair que tienen más de 40 años…

         AeroSur sigue teniendo la posición más importante en el mercado, pero no lo domina pues aunque BoA es aún relativamente chico tiene evidentemente el respaldo de todo el aparato estatal. Como estaba previsto, el TAM no es competencia para ninguno de los dos, tiene un mercado muy bien definido y sus posibilidades de expansión son muy escasas. Como ya se ha dicho, el LAB ya es inexistente en los hechos, aunque legalmente se resiste a morir. Por su parte, Aerolíneas Sudamericanas sigue siendo una aerolínea de papel, y las pequeñas regionales igual que el TAM no representan por ahora una amenaza para las dos grandes. El mercado nacional seguirá por tanto en el futuro cercano dominado pro AeroSur y BoA, el segundo en franco crecimiento aunque habrá que ver si su “soporte vital” la hace sostenible a más largo plazo.

         La posición en el mercado de AeroSur aún le permite darse el lujo de un servicio muy deficiente en muchos aspectos, aunque aceptable o incluso bueno en algunos otros. La ventaja que le permitió incursionar en el mercado y finalmente quitarle su lugar al LAB fue sin duda el trato y la calidad de su personal de a bordo y, con excepciones, su personal en tierra. Su desventaja, que nunca ha podido superar, es la sobreexplotación de sus naves que origina problemas de retrasos constantes, y mucho gasto en mantenimiento que, espero sinceramente la DGAC esté equivocada, pudiera incluso estar poniendo en riesgo la seguridad de sus vuelos. Por su parte, BoA tiene ventajas esencialmente de precios, muy probablemente subvencionados pro el TGN, con ofertas realmente atractivas pero que van en detrimento de la calidad de servicio. Y si en un rubro de la economía la competencia en función aprecio es perversa, es en el rubro de los transportes, y ciertamente también es una ventaja tener una flota uniforme y que requiere menor mantenimiento.

         En el mercado internacional, aunque BoA está haciendo sus primeras armas, AeroSur tiene otras cosas de qué preocuparse. El crecimiento de las aerolíneas multinacionales (TACA y LAN esencialmente) por ahora tampoco le afecta mucho pues son muy caras y tienen otros destinos, pero no debería sorprender que lleguen a incursionar mucho más fuerte en el mercado boliviano a medida que este se haga más atractivo. Si AeroSur mantiene su mala relación con el gobierno, está eliminando la posibilidad de ser protegido por éste cuando se entren estos monstruos regionales, por lo que quizás debería revisar su posición. Por ahora, AeroSur, con todos sus defectos, es el transportador oficial de los bolivianos fuera del país, con muy buenas tasas de ocupación y un rendimiento decente, aunque no fantástico, en el balance final de sus números. Reitero una vez más, pues ya lo dije antes, creo que el futuro de AeroSur está ahí.

Esteban

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