BP y el Deepwater Horizon: Vergüenza mundial

Posted on 18/06/2010

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Es ya de conocimiento general el desastre ecológico ocurrido desde abril de este año y que hasta hoy no termina de ser controlado en el Golfo de México, a raíz del hundimiento de la plataforma petrolera “Deepwater Horizon” de propiedad de la British Petroleum (BP).

Tras este desastre, sin embargo, van surgiendo informaciones y cuestionamientos cada vez más graves en sentido de que no se trató de un hecho enteramente fortuito. En efecto, cada vez hay más indicios de que ha sido un factor determinante para este terrible hecho la negligencia de BP y sus subcontratistas, en especial la americana Haliburton (muy vinculada con el gobierno de George W. Bush), que aparentemente omitieron más de una vez las medidas de seguridad y de garantía necesarias para una operación de este tipo, como también ha sido una agravante la incapacidad e incompetencia de BP en poner en marcha un plan de contingencia que permita controlar el derrame.

Resultan también claramente corresponsables acá las autoridades regulatorias del sector energético y ambiental de los Estados Unidos, que no han realizado una supervisión adecuada ni de la instalación de la plataforma petrolera ni de su operación y mantenimiento.

El presidente de ese país, Barack Obama, con absoluta razón y en una posición que en lo personal considero plenamente justificada, incluso en los términos utilizados, ha declarado públicamente que está buscando “qué trasero patear”. Aparentemente, los traseros candidatos al puntapié son muchos, empezando por supuesto por las autoridades ejecutivas de BP y de la empresa subcontratista que construyó la plataforma, Halliburton, pero también las autoridades de la EPA (Autoridad de Protección del Ambiente) y la FERC (Comisión Federal de Regulación de la Energía), en funciones durante la gestión del señor Bush júnior, y las autoridades que este año no advirtieron a tiempo la posibilidad del derrame.

Legalmente, y aunque no soy amigo de la persecución penal, considero que corresponde nomás, aparte de una muy fuerte indemnización (se habla ahora de veinte millardos de dólares), juzgar y eventualmente condenar penalmente a los principales responsables, en el entendido de que el daño causado, aunque quizás indemnizable para las personas directamente afectadas hoy, tiene elementos de irreparabilidad, sobre todo en relación a los efectos a largo plazo que tocarán a las futuras generaciones, que deben ser sancionados de manera ejemplar. Esto establecería un precedente histórico, en el entendido que, hasta donde me permite la memoria, no se ha sabido de un solo caso de serios daños ambientales que haya sido efectivamente sancionado con cárcel, sino siempre con indemnizaciones económicas que las grandes corporaciones, generalmente culpables de estos desastres, llegan a cubrir sin demasiado problema y sobre todo sin un verdadero escarmiento.

El estado del planeta hoy no está para bromas. El derecho penal se ha establecido para proteger valores jurídicamente protegidos (la vida, la integridad…) que son mutables en el tiempo. En las condiciones que está nuestra tierra, es nomás un valor jurídicamente protegido el cuidado de nuestro único hogar.

Esteban

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