El juguete nuevo del Presidente

Posted on 08/07/2010

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Gran revuelo ha causado entre los críticos del régimen la compra de un nuevo avión presidencial, cuya etiqueta de precio leía 38,7 millones de dólares. El cuestionamiento fácil y casi podría decirse infantil para estas críticas fue que ese dinero podía servir para todo tipo de demandas sociales, desde el aumento de sueldos hasta el equipamiento de la Policía, pasando por la lucha contra la sequía en el Chaco.

Lo cierto es que ese tipo de argumentación desvía la atención del problema de fondo. Hace años que se viene hablando de reemplazar el famoso Sabreliner comprado por el entonces Coronel Hugo Banzer Suárez, que desde los 90 ya pasaba más tiempo en el taller de reparaciones que en el aire. No es invento del actual gobierno, y resulta hipócrita que los poderosos de antaño ahora se rasguen las vestiduras por algo que ellos no se atrevieron a hacer. Y ciertamente, 40 millones de billetes verdes no van a solucionar el problema del Magisterio, equipar como se debe a la Policía ni establecer sistemas de riego en los lugares propensos a la sequía.

Ahora bien, el avión en sí no es para nada malo. Si bien el hecho de ser trimotor agrega algo al costo de mantenimiento y de combustible, su posición elevada en la cola permite la operación del avión en pistas poco o mal preparadas, tiene la potencia suficiente para operar en aeropuertos de gran altitud y un alcance muy respetable de más de 4.000 millas náuticas (unos 7500 kilómetros más o menos) sin hacer escalas, aunque estando la base de operaciones en La Paz probablemente no podrá decolar con su Peso Máximo al Despegue (MTOW).

El problema en realidad es otro. El problema es que fue una compra muy poco transparente, sin seguir los procedimientos legales necesarios en cualquier estado de derecho, sin una debida rendición de cuentas sobre el cómo, porqué y con qué respaldo se hizo la compra, sin si quiera una comparación oficial de precios a fin de saber si el costo del aparato es razonable o hubo sobreprecio.

Para muestra un botón. Don Fernando Kieffer, que en paz descanse, sufrió las mil y un tropelías por haber hecho algo muy similar con un avioncito más pequeño y más barato.

Algo que no han mencionado los medios es que, por añadidura, el proveedor del avión es nada más y nada menos que Dassault Aviation, compañía francesa que ha tenido en el pasado graves acusaciones de participar en negocios turbios, desde el pago a dignatarios de estado para favorecer sus ventas hasta la exportación de armamento a países embargados.

Todos estos elementos llevan a pensar que, mínimamente, se ha tratado de un capricho más que de un buen negocio, si es que no ha ocurrido algo peor durante esta transacción.

Como notita al margen y anécdota divertida. El juguetito nuevo del Presidente casi fue destruido a poquísimos días de haber llegado por un descuido del personal de la Fuerza Aérea Bolivia y uno de los cacharros que sí que necesitan ser sustituidos – el T33. Pobres, ¡el susto que se habrán pegado!
 
Esteban
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