Aeropuertos para todos

Posted on 25/08/2010

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El gobierno del Estado Plurinacional ha anunciado con bombos y platillos la construcción de nueve aeropuertos internacionales y una veintena de aeropuertos “turísticos” (nueva categorización de la que nunca habíamos oído antes) en todo el territorio boliviano.

La inversión pública en infraestructura es según la teoría Keynesiana, sobre todo si es masiva, la clave para impulsar el crecimiento y el empleo, por lo que en principio suena muy bien la promesa gubernamental. Sin embargo, parece ser que la inversión en aeropuertos en nuestra patria no es necesariamente el destino más afortunado para los recursos públicos.

Si bien Bolivia está emergiendo de una crisis del transporte aéreo muy profunda que provocó la quiebra de Lloyd Aéreo Boliviano, simultánea con la incapacidad en ese entonces de la línea privada Aerosur de cubrir los vacíos dejados por aquella (y, recordemos, no existía aún BoA ni el TAM había recibido aún sus cuatrimotores BAe), y el sector está hoy en día en franco crecimiento, la cantidad de inversión y, sobre todo, la selección de los lugares donde se construirán estos aeropuertos, no parece ser la más feliz. En efecto, no tiene sentido invertir millones en aeropuertos que luego no tendrán vuelos.

Veamos el ejemplo del aeropuerto Jorge Wilstermann de Cochabamba. En ese caso, la construcción de la pista 14-32 y sobre todo la construcción de una hermosa y moderna terminal aérea no han logrado hasta el día de hoy la suficiente justificación económica, considerando sobre todo el bajo volumen de pasajeros que pasan por esa terminal cada año. Y en este particular caso, el riesgo estatal fue bajo, pues la inversión la encaró la empresa concesionaria de su administración.

Dicho de otra manera, parece muy peligroso que, siendo ahora el Estado el que realizará las inversiones, lo mínimo que se debería exigir es que estas sean económicamente racionales y no se conviertan en elefantes blancos.

Existen, en los hechos, solamente tres casos identificables en los que existe una real demanda por la construcción de aeropuertos que, sin necesariamente ser internacionales, al menos deberían poder cubrir las exigencias de operabilidad y seguridad mínimas, de los cuales sin duda el más urgente es el de Alcantarí, que prestará servicio a la capital del Estado, Sucre, seguido de los dos más importantes aeropuertos “turísticos” como son el de Uyuni, próximo a ser entregado, y el de Rurrenabaque.

Más allá de estos tres, quizás sea importante equipar y modernizar algunos de los aeropuertos que sirven a capitales de departamento (particularmente los aeropuertos Aníbal Arab de Cobija, Jorge Heinrich de Trinidad y Oriel Lea Plaza de Tarija), con la dotación de equipos ILS para permitir su uso en condiciones de baja visibilidad (especialmente en tiempos de chaqueo como ahora) y acompañar la modernización reciente de los dos únicos verdaderos aeropuertos internacionales, el de El Alto y Viru Viru, con mejores servicios de migración y aduanas que hoy en día son una verdadera vergüenza.

En cuanto al aeropuerto de Oruro, no es visible por ningún lado cuál sería su utilidad. Oruro ya cuenta con dos franjas de aterrizaje que sirven para la llegada del avión presidencial (que hasta ahora no tiene piloto aparentemente) y eventualmente apoyo logístico en casos de conmoción o desastre. De otro modo, El Alto, a tres horas de viaje, sirve perfectamente para esta ciudad. Bajo la misma lógica, Alcantarí debería servir también a la ciudad de Potosí, que también cuenta con una franja de aterrizaje, ampliada hace no demasiado tiempo, para la llegada de los aviones que vuela la Fuerza Aérea Boliviana.

En una segunda etapa, quizás sea razonable pensar en dotar de mejor infraestructura, que ya tiene una base, a tres ciudades fronterizas (Yacuiba, Puerto Suárez y Guayaramerín). Hacer un aeropuerto en Copacabana, en cambio, simple y sencillamente no se entiende.

Esteban

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