Los 33 estamos bien

Posted on 18/10/2010

0


La noticia y el comentario general del momento es el rescate de los 33 mineros chilenos, atrapados durante 68 días a 700 metros de profundidad en la mina San José del Copiapó. La versión “oficial” es de mucha alegría y un gran sopapo a la adversidad, al no haber el gobierno chileno escatimado ningún recurso para lograr el rescate con vida de sus 32 compatriotas y un boliviano.
Los medios cubrieron casi todo desde la biografía de cada uno hasta las aventuras amorosas de Carlos Mamani, el boliviano justamente; desde los ofrecimientos del mundo del espectáculo por comprar la historia de los afortunados infortunados hasta el tratamiento psicológico para curar el stress post-traumático que les causó el accidente, desde cómo influenció la fe religiosa en mantener la moral alta entre los 33 hasta cómo sirvió para ese mismo propósito la barra de la selección roja (Chi-chi-chi-le-le-le).
Lo que los medios no solo no dijeron, sino se esforzaron en esconder, fue la dura realidad de cientos, miles de mineros en todo el mundo, que todos los días arriesgan sus vidas arañando la tierra para provecho de una empresa, no importa si privada o estatal, generando lo que los marxistas llaman plusvalía vendiendo su trabajo a alguien que ninguna relación tiene con el que ha realizado el trabajo.
El que el gobierno chileno haya gastado 30 millones de dólares en el rescate podría interpretarse como una señal de que se quiere devolver algo de esa riqueza perdida al minero, o podría entenderse simplemente como el mejor show político de la historia democrática de Chile. De hecho, el señor Piñeira, primer presidente de derechas desde 1988, es hoy el líder sudamericano más popular en su país según las encuestas, incluso más que el gran Lula Da Silva.
Tanto es así, que el rescate fue también un reverendo puntapié en las posaderas del liderazgo socialista de Chile, en especial la ex presidenta Bachelet, quien dejó la impresión de no haber reaccionado con suficiente firmeza, liderazgo y decisión al terremoto y consecuente maremoto ocurridos a principios del año.
Ciertamente el momento fue muy bien aprovechado por el multimillonario empresario hoy convertido en presidente, quien además está en su legítimo y legal derecho de hacerlo. Mientras tanto, cada año decenas, centenas de mineros mueren sepultados o atrapados en interior mina, mucho más, aunque usted no lo crea, en los países donde existen regímenes que se dicen populares, que se supone son gobiernos de los trabajadores. Y lo más triste es que nadie se da por enterado. Si este accidente hubiera ocurrido en Bolivia, se hubiera sacado una “pastilla informativa” en la décima página del periódico local, se los hubiera dado por muertos, se hubiera oficiado una linda misa y se hubiera pasado a otra cosa, mariposa.
Jamás pensé que iba a vivir en una era donde los más rabiosos capitalistas, así sea por el puro rédito político, protejan mejor a los trabajadores que los partidos de izquierda. Lo que pasa, me dirán ustedes, es que esos partidos de izquierda ya no son partidos de trabajadores, sino de burócratas, pequeños propietarios, comerciantes, transportistas, “movimiento sociales”, en fin, como se solía decir tan poéticamente hasta el final del siglo XX, una expresión que hoy desgraciadamente ya no se usa, son partidos pequeño burgueses.
Esteban

Anuncios