Mojigatos

Posted on 25/10/2010

0


A veces la mentalidad de los bolivianos me sorprende. Luchamos históricamente con pasión por nuestras libertades, pero todavía creemos que la penalización de todo es la solución a una percibida degradación de la sociedad (insisto en lo de “percibida”, pues no hay prueba alguna ni la ha habido jamás de que cierta generación sea mejor o peor que la que le antecedió).

En esta misma lógica, hoy nos rasgamos las vestiduras cuando se despenalizan las relaciones sexuales libres y voluntarias entre menores, entendiendo por esto que ahora se habría dado luz verde (de hecho, algún medio lo dijo textualmente así) o que casi se fomenta esta práctica, lo cual por supuesto es un absurdo.

No ocurre con frecuencia que me vea en la posición de defender una reforma ofrecida por el gobierno del MAS, pero en esta ocasión lo hago, no porque crea que esté bien o al menos sea tolerable que los menores tengan relaciones sexuales, sino sobre todo porque creo que esta es una responsabilidad de los padres de estos menores, y por extensión sus profesores o los adultos que estén alrededor de estos menores, y no así responsabilidad del Estado, salvo por supuesto que estas relaciones no sean consensuales.

Me parece muy importante no dejarse manipular por la información sesgada e interesada que están difundiendo los medios sobre este tema. Dicho sea de paso, me llama poderosamente la atención que en plena lucha por la defensa de la libertad de expresión los medios primero le estén regalando un arma al enemigo en esta evidente manipulación de la información, y segundo estén atacando las libertades individuales de otros. Lo que esta modificación de la norma hace es mantener, como corresponde, la sanción penal para quienes aprovechándose de una posición de ventaja injusta (mayoridad, fuerza física, engaños, amenazas) tengan acceso carnal con un o una menor, pero aclarando que esto no se aplica (de hecho la jurisprudencia ya lo señalaba así, simplemente ahora se lo está poniendo en la ley) cuando tal ventaja injusta no existe, pues ambos participantes tienen la misma edad y han consentido voluntaria-mente a la relación. O qué van a hacer, ¿meter a la cárcel al menor por esto? ¿lapidar a la menor?

Al igual que con la quema de bares y cantinas, el rechazo a la prostitución (con la agravante de que acá como en el medioevo seguimos criminalizando a la prostituida cuando ésta es más bien la víctima), y otras demostraciones públicas de mojigatería a las que nos hemos acostumbrado, no es exigiendo o presionando a determinado nivel de gobierno que el problema se soluciona. ¿Cuántas veces me he topado, sobre todo en barrios populares, con niños y niñas que aún están deambulando solos por las calles a las dos de la mañana? ¿Cuántas veces nos encontramos a diario en las repletas calles del centro de La Paz con chiquillos de dos o tres años jugando solos en la acera, o peor, entre los autos?

Parece que la irresponsabilidad paterna (y me refiero a ambos actores, padres y madres) es, finalmente, el verdadero problema. Y acá sí, considero, es donde debe intervenir el Estado, tanto en la parte preventiva como en la represiva. Si una niña de 12 ó 13 años decide tener relaciones sexuales con un muchacho de su misma edad, por lo tanto, considero que quienes deberían sufrir la sanción, al menos moral pero también, si luego por ello ocurren desgracias – como que ocurren – por embarazos no deseados, contagio de ETS, abandonos de hogar, etcétera, una sanción hasta de privación de libertad, son los padres negligentes.

Para ponerlo de manera (pro)positiva. Sólo una educación bien inculcada por los padres, independientemente de si se trata de una familia nuclear o no, complementada en la escuela, en la que se hable con franqueza con los niños, sin ocultarles las cosas que nos parecen tabú, dándoles los mejores elementos para juzgar por sí mismos en el proceso de aprendizaje qué es bueno y qué no, una estructura sólida de disciplina y toma paulatina de responsabilidades, y un hogar donde el niño o la niña se sienta amado y protegido, evitarán que tomen decisiones estúpidas. Lo demás es pura mojigatería.

Esteban

Anuncios