Bicentenario de las Fuerzas Armadas de Bolivia: Tiempo de reflexión

Posted on 03/11/2010

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Este 14 de noviembre las Fuerzas Armadas celebran los doscientos años de la batalla de Aroma, considerada el momento de creación de esa institución fundamental. A doscientos años del suceso, cabe hacer una profunda reflexión sobre el rol que cumplieron en la historia política de Bolivia, y cuál su papel en el nuevo Estado Plurinacional. Hasta 1982, las FFAA fueron un factor político central, para bien o para mal, en la historia de nuestro país. Luego de la recuperación democrática, siguieron siendo un elemento clave, pero esta vez desde el hecho de haberse convertido en un pilar para la estabilidad – a pesar de un par de ocasiones en las que su actuación puso en serio riesgo la propia democracia. Acá es donde nace la gran ironía: las FFAA bolivianas, como ha sucedido en general en Latinoamérica, han luchado muchas más batallas contra supuestos o reales “enemigos internos” que las que han luchado en guerras internacionales. En guerra, las FFAA ganaron la independencia (con ayuda del ejército del Libertador) y su consolidación posterior, pero su actuación en las campañas del Pacífico, del Acre y del Chaco, salvo algunas heroicas batallas, fue desastrosa. Internamente, derrotaron a la guerrilla del Che, pero no pudieron con la guerra federal de 1899, ni pudieron detener la revolución de 1952, ni los levantamientos de febrero y octubre de 2003. Sí lograron impedir una revolución socialista en 1971, a pesar de que el líder de la revolución era de sus propios camaradas. Las FFAA fueron responsables de 43 golpes de Estado entre 1828 y 1982, y dos intentos frustrados desde ese año (1984 y 2004). De los 80 presidentes que tuvo Bolivia, 51 fueron militares de carrera, aunque para ser justos hay que decir que 10 de ellos fueron electos constitucionalmente (Banzer fue presidente dos veces, una por golpe y una por elección). En todos los casos, pero especialmente entre 1971 y 1982, estos gobiernos de facto, con cortas interrupciones democráticas que fueron demasiado débiles, ejercieron además de la manera más brutal la doctrina de la “razón de Estado”, en las que los asesinatos, desapariciones, torturas y demás violaciones de los derechos fundamentales eran pan del día. De nuevo, para ser justos, hay que decir que hubo gobiernos civiles, entre 1952 y 1964, que hicieron lo mismo, lo cual de ninguna manera es justificación. Hoy, sin embargo, el escenario es radicalmente distinto. Las Fuerzas Armadas hoy abiertamente apoyan a un gobierno cuya ideología hace treinta años hubiera sido suficiente para declarar a sus líderes como enemigos de la Patria y perseguir, exilar, torturar y desaparecerlos. Algunos, sobre todo los generales en retiro, consideran que los comandantes actuales se han vendido. Otros, consideran que es puro oportunismo. Algunos más opinan que este apoyo abierto se debe a que el gobierno supo jugar muy bien sus cartas políticas respecto de las FFAA, desplazando una generación entera de oficiales y favoreciendo a la siguiente. Más allá de lo coyuntural, sin embargo, el bicentenario de las Fuerzas Armadas lleva a reflexionar sobre el nuevo rol, estructural esta vez, que deben jugar en el esquema estatal aprobado el 25 de enero de 2009. ¿Será que finalmente se ha consolidado lo del sometimiento pleno al poder civil? Sólo el tiempo lo dirá.

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