¡Cablegate!

Posted on 30/11/2010

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Causa una mezcla de preocupación y ternura el nivel de ingenuidad que tienen los homo sapiens en este planeta. La publicación reciente en http://www.wikileaks.org de cables diplomáticos enviados por funcionarios en misión del Departamento de Estado de los Yunáited Estéits a su máxima jefa ha provocado reacciones de lo más ridículas entre gobernantes, medios de comunicación y gente del vulgo, rasgándose todos las vestiduras por algo que todo el mundo sabía pero todo el mundo callaba.

La diplomacia ha tenido desde su invención en la antigüedad una doble función: la aparente, en la cual los embajadores representan a su gobierno ante otros gobiernos, participando en banquetes, fiestas y actos oficiales, y la real, mantener a su propio gobierno informado sobre los pormenores políticos del país anfitrión.

Ahora bien, que el lenguaje de algunos de estos diplomáticos sea vulgarmente coloquial y familiar cuando se dirigen a sus jefes, usando términos despectivos para referirse a terceras personas, quizás no sea lo más castizo y de la impresión de que un trabajo tan serio como el de cargar la representación de una nación se ha convertido en una charla entre cuates, eso es cierto, pero no tiene por qué escandalizar a nadie.

Lo que sí molesta, y mucho, es la tremenda hipocresía de los dirigentes mundiales que se han “escandalizado” por la manera de manejar su diplomacia de los yanquis, cuando todos ellos, capacidades más o capacidades menos, hacen exactamente lo mismo. ¿Qué el embajador boliviano no reporta al canciller Choquehuanca cuántas veces por semana se ducha el presidente de Ecuador? Esa sí que no me la creo.

No es que sean verdades absolutas, pero autores como Ken Follett, John le Carré, Tom Clancy o Graham Greene que escriben novelas de espionaje y diplomacia internacionales deben nomás hacer su investigación antes de ponerse a escribir, cosa que sus historias sean creíbles. Los documentos filtrados lo demuestran, o demuestran que los diplomáticos actuales han leído a Ken Follett, John le Carré, Tom Clancy o Graham Greene, y se han creído que así es como se hacen las cosas. En cualquier caso habrá que hacerse a la idea de que la diplomacia es mucho más que ir a cócteles y comprarse autos de lujo con exención de impuestos.

Dicho esto, debo admitir que he encontrado algunos de los documentos bastante entretenidos. Decir que China considera a Kil Il Sung como un “niño mimado” y “gran bebedor” por ejemplo, o mejor todavía que Dimitri Medvedev es el “Robin” del “Batman” Putin, no creo que ponga realmente en riesgo la seguridad mundial ni creo que provoque más que una sonrisa del lector – salvo que el lector sea Kim o Medvedev por supuesto.

Es muy importante, como lección aprendida de este asunto, comprender que las relaciones políticas entre estados, el curso mismo de la historia, está hecha por seres humanos de carne y hueso, que se relacionan entre sí, bien o mal, toman decisiones, bien o mal, y sirven a sus intereses, algunos los intereses de sus pueblos, la mayoría sus intereses personales, como mejor les parece, en función a la información que reciben de su equipo, entre el cual están sus enviados. No hay de qué rasgarse las vestiduras, ni tratar de hacer del incidente diplomático un arma para atacar al difuso enemigo llamado imperialismo.

Esteban

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