Con el ojo en tinta

Posted on 05/01/2011

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Los acontecimientos de la última semana del 2010 han sido, por decir lo menos, surreales, y han dejado secuelas políticas que creo que son de mayúscula importancia. A diferencia de muchos especuladores excesivamente optimistas (o pesimistas, según el ángulo con que se mire), no creo que la estabilidad del gobierno masista esté en juego, por el momento. Sin embargo, dos fenómenos han quedado como secuela.

El primero, es que la licencia para hacer lo que quiera del hermano Evo ha sido revocada, pues la confianza casi ciega de las grandes mayorías en su liderazgo, esa que le perdonó errores garrafales en el pasado, ha sido sustituida por un sentimiento de engaño y decepción que costará mucho, pero no será imposible, revertir. Será cuestión de darse un baño de humildad, calmar un poco el ritmo en algunas cosas y apurarlo en otras, redefinir prioridades en función a la demanda de la base social del gobierno y, necesaria e inevitablemente, hacer crisis de gabinete.

El segundo fenómeno ha sido la brutal derrota del vicepresidente García Linera. A fuerza de aparecer siempre él dando las malas noticias, de la actitud soberbia bordeando la locura, del personaje autoritario e inflexible que ataca sistemáticamente a todo aquél que se atreva a cuestionar al gobierno, rol que ha cumplido a cabalidad, se ha ganado un repudio masivo pero además la reputación, quizás no tan merecida como se piensa, de ser el malo de la película, el k’ara oportunista que asesora mal al Presidente, el personaje maquiavélico culpable de todos los errores. Y, lastimosamente, también el objeto de los sentimientos homofóbicos de la gente.

Los sucesos de diciembre pasado han puesto en absoluta evidencia esto, mucho peor cuando, como secuela, García Linera y su gente acusan descaradamente a la coyuntural oposición política, aún muy débil para ser una real amenaza, de los errores cometidos por ellos, mientras que su mayor rival interno, el canciller Choquehuanca, aparece como el conciliador, el concertador e incluso el que reprimenda con voz dulce y paternal al mismísimo Vicepresidente por la “falta de comunicación” a la que atribuye el desbarajuste.

Así, con el ojo en tinta, el Vicepresidente descarga toda su furia sobre dos chivos expiatorios que le han caído del cielo. El primero, Juan Del Granado y el MSM en su conjunto, que cometieron la imprudencia de hacerse demasiado visibles en la gran movilización ciudadana del jueves 30, y por tanto se convirtieron, igual que en el pasado reciente los líderes cruceños por los sucesos de septiembre de 2008, en blanco fácil de acusaciones, quién sabe si fructíferas o contraproducentes, pero ciertamente mentirosas, de buscar desestabilizar el gobierno y el “proceso de cambio”.

El segundo, Samuel Doria Medina, cae sobre todo porque mantiene cierta identificación con el pasado neoliberal que pudiera por estas artes salpicarle a Del Granado, con la acusación de “terrorismo financiero” que, por supuesto, resulta absurda dado que las declaraciones que hizo primero no las vio nadie y segundo fueron hechas después del retiro masivo de cuentas de ahorro en el sistema bancario, que, felizmente, está más que suficientemente fuerte para aguantar estos ataques de pánico que suelen darle a la clase media. Todos estos tejemanejes coyunturales, especialmente la guerra sucia política impulsada por el MAS desde hace ya algunos años, sin embargo, no resuelven el problema, aunque sí sirven para quitar estorbos.

El problema, el verdadero problema, es que en cinco años el gobierno ha sido incapaz de cambiar la lógica neoliberal, ni generar un modelo alterno basado en el ser humano como propuso inicialmente, y el fracaso estrepitoso de la famosa nacionalización de los hidrocarburos, hoy a todas luces evidente, no es más que un primer síntoma de algo mucho más grave que se viene y que el gobierno no quiere ver: Bolivia ha contraído la enfermedad holandesa.

Esteban

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Posted in: Evadas