La primera década del siglo XXI

Posted on 12/01/2011

0


El presente artículo debía haber sido publicado la última semana del 2010, luego la primera del 2011, pero los graves eventos sucedidos en esos días en Bolivia me forzaron a dejar éste guardado hasta una mejor oportunidad. Helo pues aquí.

Pocos nos damos cuenta que se acerca el final de la primera década del tercer milenio – más allá del debate bizantino sobre si se empieza a contar de cero o de uno – y estamos a tres días de que en las radios pongan “clásicos de los ‘00” para hacernos sentir un poco más viejos.

Aunque aparenta una tarea titánica, creo que es buena la oportunidad para destacar los sucesos más relevantes de la década, para provocar un poco la reflexión entre los lectores sobre el tortuoso sendero que está siguiendo la humanidad y tratar de ver un poco, sin horóscopos ni cartas de tarot de por medio – qué nos depara el próximo decenio, esto es si no se acaba el mundo el 23 de diciembre de 2012, claro.

Muchos consideran como el punto de inflexión del cambio de siglo los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, por dos razones. La primera, y más obvia, porque marca el inicio de una campaña bélica emprendida por Estados Unidos contra dos países, primero Afganistán y menos de dos años después Irak, guerras que han marcado la década tanto como la de Vietnam marcó los años 60. La segunda, menos obvia pero muy palpable, ha sido el declive de la presencia unipolar de ese mismo país en el resto del mundo, sumada al surgimiento muy fuerte de nuevas potencias llamadas “países emergentes” y simultáneamente un fuerte cuestionamiento mundial hacia los símbolos de liderazgo americano, incluyendo los organismos internacionales, donde ha perdido gran influencia.

La década del doble cero también es una década en la que, aunque ya existían importantes voces de alerta antes, la reacción de nuestro planeta frente a nuestras acciones irresponsables realmente nos ha hecho asustar. Más allá de algunas acusaciones francamente infantiles que le endilgan la culpa del desastre a entelequias intangibles como “el capitalismo”, la gente, sobre todo quienes no somos gobernantes, se da cuenta de que este es un tema muy serio y de una profunda corresponsabilidad entre ricos y pobres. Esto, mas una inusual actividad sísmica, especialmente este último año, desnuda con enorme violencia lo vulnerables que somos y la urgente necesidad de hacer algo al respecto.

Entre tanto, la globalización sigue su curso inexorable, a pesar de las pataletas de los altermundistas, que se empecinan en atacar los efectos en lugar de las causas de las desigualdades. Algunas organizaciones, sin embargo, comprenden el error, pero sobre todo comprenden el poder que tiene la opinión pública, canalizada a través de los nuevos medios de comunicación, más desarrollados pero sobre todo más democráticos que nunca, y logran presionar exitosamente a algunos gobiernos y/o corporaciones para hacerles desistir de decisiones que pudieran afectar gravemente a la humanidad.

Si las tecnologías de información y comunicación se usan como arma política en el mundo, también se usan para cosas mucho más triviales. Los años 2000 han sido también marcados por la explosión de las redes sociales, los blogs (como este mismo), el intercambio irrestricto de datos e información (Wikipedia, Youtube). Mucho más triviales, decía, pero si uno busca, también encuentra una profunda democratización en los medios, sino pregúntenle al señor Ahmadineyad cómo casi no logra hacerse reelegir (fraudes, corrupción y muertos de por medio) gracias a que el pueblo fue convocado a movilizarse mediante estas nuevas herramientas, o cómo el mayor papelón diplomático de la historia de la humanidad se ha dado gracias a las indiscreciones del señor Julian Assange.

Pero la globalización no se detiene en las TICs. El mundo se hace más pequeño también por los medio de transporte, sobre todo la aviación que a pesar de una profunda crisis a inicios de la década logró reemerger con mucha fuerza gracias a las innovaciones sobre todo en motores de bajo consumo y bajas emisiones. Pero con este nuevo boom el mundo también se hace más peligroso. Tres grandes epidemias (en realidad una más o menos seria y dos que más fueron el escándalo y el alarmismo), la del SARS, la gripe aviar y la gripe porcina lograron repandirse por el mundo con una rapidez inusitada. Eso, pero sobre todo la constante amenaza del terrorismo sobre los viajes aéreos, hicieron que en esta década si bien los viajes se hicieron mucho más cortos, las esperas en los aeropuertos se hicieron más tediosas e insoportables que nunca.

También se han marcado los diez años que terminan por un salto gigantesco en la lucha por los derechos de la comunidad GLBT, con el reconocimiento del matrimonio gay en varios países, la eliminación de ciertas legislaciones homófobas por inconstitucionalidad, e incluso la incorporación del reconocimiento del derecho a la libre opción sexual en algunas constituciones nuevas. Auque a los heterosexuales nacidos el siglo pasado todavía nos cuesta un poco no incomodarnos con estos nuevos conceptos, tendremos nomás que acostumbrarnos, y sinceramente creo que es para mejor. Supongo que lo mismo sintieron nuestros abuelos cuando fueron cayendo las barreras raciales – por cierto algunos todavía no se acostumbran.

En casa, el giro de siglo se produce en realidad el 17 de octubre de 2003, cuando el pueblo, por sí y sin un liderazgo visible o determinado, luego de siete días de intensa batalla en las calles y barricadas, da fin al gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, empezando una era de transición que duraría dos años, hasta la asunción a la silla presidencial de Evo Morales. De manera paralela, regímenes populistas ya instalados como el de Chávez en Venezuela o por instalarse como el retorno de los sandinistas en Nicaragua, se radicalizan en una posición política bautizada por ellos mismos como “socialismo del siglo XXI”, que entre otros elementos se caracteriza por un profundo desprecio por la democracia representativa, un nacionalismo exacerbado, una profunda ineficiencia económica, enorme apoyo popular y características etnocentristas en el caso particular de Bolivia, así el uso constante de la bandera de la lucha contra “el Imperio”, “la Oligarquía”, “el Capitalismo” y otros conjuntos indefinidos de enemigos entre imaginarios y reales que sirven para mantener un estado permanente de zozobra.

Pero Sudamérica no es el único país con retrocesos en materia de democracia. Tras una década, los 90, que parecía indicar el rumbo hacia el fin de las dictaduras, esta última década más bien parece demostrar que no todas las democracias son sostenibles, o que la sola democracia no es suficiente para responder a las expectativas de la gente. En África, el sureste y centro de Asia, los países de la ex Unión Soviética, y en nuestro propio continente, se ha puesto de moda la dictadura legitimada por la vía electoral, a veces amañada y fraudulenta.

Esteban

Anuncios