¡Azúcar!

Posted on 02/02/2011

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El estribillo de la ya finada Celia Cruz se ha puesto de moda en Bolivia, pero no exactamente como exclamación de algarabía ante una buena salsa. Habiendo estado recientemente en la hermana República del Perú, puedo dar fe de que lo que se ha hecho recientemente ha sido nivelar el precio del azúcar al del vecino país (que costaba S/. 3,00 el kilo allá, que al tipo de cambio oficial equivale a Bs. 7,50, el mismo precio de EMAPA). Incluso el azúcar ofrecida por el comercio privado llega a ser un poquito más cara.

Como combate al contrabando, ciertamente, no hay mejor política que la de equiparar precios. Ningún palo, ningún control, mucho menos el control social, puede realmente impedir el tráfico de un bien si su venta ilegal, dentro o fuera del país, es lo suficientemente rentable. Pregúntenle sino a cualquier pichicatero. Por lo tanto, con estos nuevos precios, la escasez de azúcar debería desaparecer, pues todos sabemos que la culpa la tiene el contrabando.

¿O no? Aunque es quizás pronto para ver resultados reales, a tres días del anuncio del nuevo precio, cuando se escriben estas líneas, las largas colas en las tiendas de EMAPA continuaban, los comercios tradicionales no tienen azúcar y los supermercados aún racionan la cantidad de cristales de sacarosa que uno puede comprar, siempre y cuando los estantes no hayan quedado vacíos.

Y es que la verdad es que ni el contrabando, ni la especulación del producto explican del todo el fenómeno. Este es un tema mucho más complejo y que no se va a resolver, desgraciadamente, con duplicar su precio, aunque sí permite avanzar hacia una solución más integral. El problema de fondo es que la producción de azúcar en Bolivia no cubre la demanda (la causas son aparentemente dos: una mala zafra debida a fenómenos naturales pero sobre todo una bajísima inversión de los productores; y un crecimiento importante de la demanda, originada en una liquidez histórica resultado de una bonanza económica que no hemos sabido aprovechar y que hoy se ha terminado). Además de generar presión inflacionaria debido a la ley más elemental de la economía que aún los que no somos economistas entendemos fácilmente, se han generado otros efectos que no hacen más que agravar la situación. Veamos:

1. Los medios de comunicación especialmente, pero en general la población sobre todo de clase media, han tendido a exagerar la reacción frente al problema inflacionario, generando pánico entre los consumidores lo cual a la vez ha multiplicado la demanda por temor a que en el futuro inmediato el producto simplemente desaparezca

2. El pánico ha generado la oportunidad de negocio ilegal de la especulación con el producto, fenómeno que, reitero, ninguna cantidad de represión es capaz de controlar realmente

3. Como las ardillas, los humanos cuando vemos avecinarse un tiempo de escasez tendemos a acumular alimentos en la alacena, aumentando aún más la presión inflacionaria

4. El contrabando no es nuevo, hemos vivido con él por años sin mayores consecuencias en el mercado. Sin embargo, cuando se presentan los fenómenos antes descritos, esta fuga adicional del producto genera aún más presión inflacionaria, pues es una demanda no contabilizada que se agrega a la anterior.

Por lo tanto, en mi modesto entender, y reiterando que no soy economista ni ningún experto en estos temas, dado que este es un problema de oferta, creo que la solución está en inundar el mercado con azúcar, no solo atendiendo la demanda existente sino sobrepasándola, dar un mensaje clarísimo de que hay azúcar en abundancia, así tenga que ser importada hasta la nueva zafra, y asegurar que en la próxima zafra sí haya una producción suficiente para cubrir incluso la demanda de exportación (y hacer que esta última sea atendida de manera legal).

Esteban

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