¿Qué rayos está pasando en Oriente Medio?

Posted on 18/02/2011

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En los últimos cuatro meses, 600 personas murieron en manifestaciones, exigiendo democracia en 6 países del norte de África y Oriente Medio, más de trescientas de las cuales fallecieron en Egipto antes de la caída del régimen treintenario de Hosni Mubarak, que siguió a su colega Ben Ali, caído en Túnez unas semanas antes.

Libia, Irán, Yemen y Bahrain se han sumado a la ola, con mayores posibilidades en Yemen de que termine en el derrocamiento del dictador de ese país, y menores, casi imposibles, posibilidades de que caigan los gobernantes de los otros tres.

Varias causas pueden encontrarse para este fenómeno. En Túnez, Egipto y Yemen, la exigencia de mayor democracia emergió inicialmente por la situación de extrema pobreza de las grandes mayorías, la corrupción galopante y desvergonzada de la élite gobernante y el creciente desempleo. El hambre fue, por tanto, el detonante.

En Bahrein, país que tiene mucho mejores condiciones de desarrollo humano, el problema es la exclusión secular de la mayoría chiíta por el gobierno monárquico de la familia Al Kalifa – la apertura democrática acá parece mucho más difícil, no siendo Bahrein una República.

Finalmente, tanto en Irán como en Libia el problema es puramente político. Aunque ni Ajmadineyad ni Kadaffi han resuelto ni de lejos las desigualdades sociales y la pobreza, los sectores movilizados, lastimosamente débiles aún, son más bien de sectores intelectuales que buscan derrocar la tiranía religiosa/militar que los oprime hace 42 años en Libia y hace 30 en Irán (con una pequeña pausa democrática en los años 90).

Pero acá juegan también otros factores, que son, creo yo, la parte más fascinante de lo que está ocurriendo. En todos los casos, no existe un liderazgo visible y evidente. Es la gente, simple y sencilla, la gete de a pié como se dice por acá, la que de manera espontánea y organizándose a través de las nuevas tecnologías de información, en especial Facebook y Twitter, toma el espacio público para confrontar a su opresor. La prueba del impacto que tienen, es que en todos los casos los gobiernos tuvieron que cortar por completo el servicio de Internet para intentar censurar los llamados a la sublevación. ¡Si solo Mark Zuckerberg se hubiera podido imaginar la verdadera dimensión de su revolución!

Otra cosa es que luego algún oportunista con sonrisa carismática y que hable dulcemente a los pobres sea el que acapare el poder, resultando el remedio peor que la enfermedad en muchos casos. Si sabremos de eso los bolivianos.

Esteban

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