Libia: Entre la rebelión y la guerra civil

Posted on 10/03/2011

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• Verde: Bajo control de las fuerzas pro-Gadafi • Guindo: Bajo control de las fuerzas anti-Gadafi • Amarillo: Se registran combates/Situación incierta

No es una simple discusión semántica: distinguir los eventos recientes en Libia entre una rebelión antigubernamental y una guerra civil permitiría activar con mucha más fuerza – o no – los mecanismos internacionales de gestión de conflictos armados, especialmente el Consejo de Seguridad de la ONU y la posibilidad de intervención con fuerzas internacionales.

Justamente por ello, el gobierno de Muammar Gadafi se empeña en negar el verdadero alcance del conflicto, y lastimosamente algunos medios de comunicación le han seguido la corriente, insistiendo que se está “al borde” de la guerra civil, de manera tan irresponsable como cuando hace un par de décadas se habló de “virtual genocidio” en Uganda, cuando la realidad no tenía nada de virtual.

Si bien la Convención de Ginebra no utiliza el término “guerra civil”, sí clasifica como “conflicto armado de carácter no internacional”, lo cual es un eufemismo que significa exactamente lo mismo, a aquellos conflictos que suman los siguientes factores:

– La facción rebelde o sublevada debe mantener el control de una parte del territorio del país afectado

– La facción insurgente debe ejercer el gobierno de facto sobre el territorio bajo su dominio

– Los insurgentes deben tener algún grado de reconocimiento internacional como beligerantes; y

– El gobierno “legal” debe verse forzado a usar la fuerza militar contra la facción insurgente

Según esta definición, los sucesos de Libia constituyen un “conflicto armado de carácter no internacional”. Pero dado que esto no es al pie de la letra guerra civil, quizás no sea suficiente.

La definición académica más aceptada de lo que es una guerra civil, dada por James Fearon de la Universidad de Stanford, señala “un conflicto violento desarrollado dentro de un país, combatido por grupos organizados que apuntan a tomar el poder en el centro o en una región, o para cambiar las políticas del Gobierno, y en el que una de las facciones combatientes es el Estado”. En este caso la cosa es quizás más dudosa, dado que la facción rebelde en Libia no está propiamente organizada. Sin embargo, hubieron otros casos históricos en los que la guerra empezó con una resistencia no organizada, notablemente en los Balcanes, donde las fuerzas independentistas (o separatistas, como se prefiera verlo) se organizaron a medida que avanzaba el conflicto.

Un elemento académico adicional, que a mi modesto entender no está bien justificado y resulta hasta cruel, es que debe llegarse a cierto número de fallecidos para considerar un conflicto interno como guerra civil. Ciertas fuentes ponen el número en 1.000 muertos por año de desarrollo del conflicto, otras más flexibles hablas de un mil muertos como mínimo en el total del desarrollo del conflicto. En Libia se ha superado con creces, en a penas un mes y unos días, este número.

Finalmente, creo que vale la pena mirar un último elemento, no expresado por las convenciones internacionales por evitar el Perogrullo, que es que las fuerzas beligerantes deben tener cierto grado de equilibrio que estanque la situación política y/o militar del país afectado. Obviamente, si las fuerzas gubernamentales son mayores, la rebelión será rápidamente aplastada y no llegará a constituirse en una facción que gobierne una parte de territorio. Inversamente, si la rebelión logra derrocar al gobierno en un tiempo relativamente rápido, como ocurrió en Egipto, no hay más conflicto. Esto que parece hasta tonto decirlo es esencial para comprender la dinámica de la guerra civil, pues es un estado de estancamiento en el que ninguno de los beligerantes logra encontrar una salida, sea militar o política, al conflicto, e impide por tanto la paz.

Esteban

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