¿Quién mató a David Niño de Guzmán?

Posted on 27/04/2011

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“Sólo sé que nada sé, pues cuando no sé lo que es la justicia, ignoro si es o no una virtud, si quien la goza es feliz o es infeliz” – Sócrates

Si algo se sabe acerca de la horrenda muerte del periodista y jefe de prensa de ANF, Davis Niño de Guzmán, es que no se sabe nada. Son muchos, pero muchos más los cuestionamientos que las certezas. Aún en lo referido a aquello que se sabe, la información es confusa, contradictoria o incluso poco creíble. Por ejemplo, la data de la muerte, elemento esencial para cualquier investigación criminal, se sitúa en al menos tres momentos diferentes, según la versión: 48 horas antes de encontrado el cadáver, lo que es absurdo porque hubiera muerto antes de desaparecer (¿???); 18 horas antes de encontrar el cadáver, lo cual situaría la muerte entre las 14 y 15 horas del miércoles 20 de abril, o según la versión de los vecinos, a eso de las cuatro de la madrugada del miércoles, hora en la que escucharon una fuerte explosión.

Pero más allá de este dato esencial, la terrible violencia de la muerte (un explosivo, probablemente dinamita, apretado contra el torso), el hecho de que transcurrió al menos una noche entera entre la desaparición de David y su muerte, el lugar donde fue hallado su cuerpo y el testimonio de la viuda de que habían extrañas llamadas e incluso un asalto previo (hace dos meses), hacen pensar en una ejecución, o bien en un suicidio (poco probable pero no imposible) causado por un profundo temor.

La pregunta de rigor, por tanto, es ¿qué tenía tan asustado a David? ¿Quién hubiera tenido interés en amedrentar a la víctima y finalmente ejecutarla violentamente, como un mensaje muy claro – a quiénes, no sé – o bien asustarlo hasta el punto de que se quite la vida?

Acá se pueden tejer varias hipótesis. Según la viuda de la víctima, Niño de Guzmán no tenía vicios conocidos; sin embargo no puede descartarse del todo una vinculación destructiva con las mafias de las drogas o de las apuestas. Por las características de la muerte, ciertamente no frecuentes en Bolivia pero sí en otros países latinoamericanos donde estas mafias han logrado mucho poder, esta parece una posibilidad plausible. Faltaría definir también si fueron circunstancias personales o profesionales las que llevaron a la víctima a involucrarse con sus victimadotes, aunque sus colegas afirman que al ser jefe de prensa de una agencia noticiosa no hacía trabajo investigativo, y por tanto el móvil profesional parece poco relevante.

Pero esta es solamente una hipótesis. Hay otras aún más aterradoras. Por supuesto, como todos en Bolivia somos mal pensados, y quien escribe estas líneas más todavía, no faltan quienes apuntan al móvil político, específicamente contra el gobierno o alguna de sus ramas, institucionales o partidarias. Bajo esta hipótesis, posiblemente el mensaje que se quiso dar con la ejecución sería a los medios de comunicación en general, lo cual parece bastante creíble. No obstante, la actitud del gobierno a este respecto, si bien no ha sido ejemplar, en ningún momento ha llegado a tales extremos criminales. La persecución judicial a todo lo que resulte incómodo es su modus operandi, que hasta ahora les ha funcionado bastante bien, y por tanto no se vislumbra qué podría llevar a los órganos o agentes políticos a semejante cambio de actitud.

Pero el móvil político no siempre debe venir del gobierno. Recuérdese el asesinato de Luis Espinal, ejecutado por militares y paramilitares golpistas en 1980, pero antes del golpe de estado, para generar un estado de zozobra y la sensación de extremo desorden político, lo cual serviría de excusa luego a García Mesa para tomar el poder para “poner orden”. ¿Es esta figura posible hoy en día? Los militares ya no son los mismos, hoy se declaran demócratas y defensores dela Constitución, y su lealtad al gobierno parece inquebrantable (y sí, ganancias personales de por medio). Sin embargo, han estado corriendo con insistencia rumores acerca de ciertas inquietudes surgidas entre los oficiales jóvenes, más evidentes con el escándalo del camión de contrabando recientemente interceptado por el COA.

Ahora, debo insistir en que estas son simples hipótesis, sobre las que no tengo prueba alguna. También es una hipótesis válida la del crimen pasional, que las llamadas misteriosas provinieran de alguna amante, por ejemplo, y que David viéndose atrapado, quizás chantajeado a causa de alguna infidelidad, haya terminado quitándose la vida. Solo que no me cuadra, el perfil psicológico de la víctima no parece corresponder a este tipo de actitud. No lo descarto, pero me parece poco plausible.

Se pueden tejer muchas más hipótesis, por cierto. En realidad lo preocupante acá no es qué pudiera haber sucedido, qué circunstancias pudieran rodear la horrible muerte de David Niño de Guzmán, sino, por ahora, el hecho de no saberlas, o al menos no tener firmes sospechosos. Eso nos hace a todos vulnerables.

Esteban

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