¡Fascistas!

Posted on 18/05/2011

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“Los medios de comunicación escrita, las entidades públicas y las unidades militares deberán difundir en todas sus publicaciones y portales web, mensajes orientados a promover y fortalecer la educación cívico patriótica y realzar el fervor patrio sobre la reivindicación marítima.” D.S. 0859 de 29 de abril de 2011, Artículo 4 parágrafo IV

Ignoro si soy el único en toda Bolivia que se ha dado cuenta de la gravedad de esta disposición legal. Al menos, no he sabido de reacción alguna, ni siquiera de las entidades dirigidas por líderes opositores, ni siquiera cuando el famoso Decreto Supremo 859 dispone arbitrariamente el uso de recursos del IDH asignados a las gobernaciones, gobiernos municipales y universidades para sus fines de adoctrinamiento.

Antes de que el caro lector me inunde con comentarios y e-mails abucheando mi posición “antipatriótica” y “traidora a los altos intereses dela Patria”, sepa que mi atrevimiento a hablar sobre un tema tan terriblemente tabú para los bolivianos no pasa sólo por mis convicciones humanistas y antinacionalistas, sino sobre todo por un profundo apego a la libertad de opinión y pensamiento, y un sincero miedo a que Bolivia esté yendo cada vez con mayor entusiasmo hacia el desfiladero del fascismo.

La enorme sabiduría de Wikipedia define al fascismo como aquella ideología radicalmente nacionalista y autoritaria basada en la confusión entre Estado y Partido, la exacerbación de los “valores patrióticos” y el pensamiento único. Ergo, si la disposición legal arriba citada – textualmente por cierto, no he modificado una coma – no es de corte fascista, no sé qué lo es.

Si bien es cierto que la abrumadora mayoría de los bolivianos tiene bien incrustado el chip impuesto por la educación escolar (“recuperarlo es un deber”, etc.), no es un tema de absoluto consenso, y por tanto, por respeto a la opinión de estas minorías, que es otro concepto difícil de entender, me parece inadmisible la imposición por la fuerza de una sola forma de pensar, así sea sobre un tema tan delicado.

Lo que es peor, esta exacerbación de sentimientos nacionalistas pueden llevar a la senda de la violencia, de tratar de continuar la política por medios de hecho, y de discriminar y excluir a aquellos que piensan diferente.

Todo esto sin mencionar, además, aquello que ya ha sido denunciado por varios pensadores de mi generación hace solo unas pocas semanas, respecto a la muy evidente voluntad del gobierno de distraer la atención del público y generar falsas expectativas que permitan apuntalar la credibilidad gubernamental, muy venida a menos. Lo que se juega acá es muy grande, pues las expectativas y esperanzas de la gente son un arma de doble filo, pues la frustración que emerge del fracaso, de lo lograr lo esperado en un tiempo razonable, o que, en caso de lograr el objetivo, resulte que los efectos de ese objetivo no habían sido ciertos (si por ejemplo descubrimos que el tener un enclave soberano en la costa del Pacífico no había sido el factor generador de desarrollo que pensábamos) puede tener consecuencias sumamente graves para la gobernabilidad del país.

Solo imagínese su mañana al gobierno federal alemán se le ocurriera disponer que todos los medios de comunicación e instituciones públicas difundan mensajes de reivindicación sobre el territorio de Alsacia-Lorena. ¿Cómo reaccionaría la comunidad internacional? Y sin embargo, algo así ocurrió en 1939. Y todos saben cómo terminó ese asunto.

Esteban

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