Superluchito en el país de Jauja

Posted on 25/05/2011

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Campante, con las mejillas rosadas y la alegría de un niño en bicicleta, el insigne señor ministro de economía y finanzas, Luis Arce Catacora, conocido como Superluchito desde que figuró hace algún tiempo como superhéroe de dibujos animados en la propaganda oficialista, hizo su informe sobre el estado de la economía en Bolivia.

Según la versión del Ministro, vivimos en el país de jauja, estamos todos llenos de plata, comprándonos casas e incluso usando créditos del sistema financiero para invertir y generar empleo. Tan bien nos va, que nuestra cifra de desempleo es mucho menor a la de todos los países dela UniónEuropea, nuestro crecimiento es de más del doble que en los mismos países del viejo mundo, producimos de todo, no falta nada y la inflación es un cuento para espantar a los niños que no quieren tomar su, por lo demás, muy nutritiva sopa.

Disculpe el señor lector el tono de sorna y desvergonzado sarcasmo de las líneas anteriores, pero es que resulta realmente molesto escuchar al ministro responsable de la economía de nuestro país decir una serie de verdades a medias, números no contextualizados ni puestos en comparación, datos vacíos al no ser relacionados con n referente, en fin, puras mentiras. Lo cierto, mi querido e ilusionado lector, es que no hay tal jauja.

No todo está mal, es cierto. Los ingresos de Bolivia han vapuleado todos los récords, tenemos reservas internacionales netas suficientes para garantizar las deudas externa e interna y sigue sobrando, y se ha generado una élite económica muy poderosa y con enorme poder adquisitivo que ha ampliado el mercado interno significativamente. El mayor mérito del régimen masista es que la consigna “exportar o morir” ya no es tan cierta, lo cual nos hace un poco menos vulnerables a los shocks externos, al menos en lo que a exportaciones no tradicionales se refiere. Eso, y el hecho de que la inversión pública se ha cuadruplicado, a pesar de una capacidad de ejecución financiera paupérrima.

Pero el tema de fondo es el mismo de siempre. No basta la generación de riqueza por sí misma. Convertirnos en Bahrein o sufrir de la enfermedad holandesa (que ya la hemos contraído, por si acaso) no es probablemente lo que nos interesa. La verdad es que el Plan Nacional de Desarrollo, que ya cumplió su ciclo, ha sido un rotundo fracaso, el ensanche de la base del crecimiento no ha sido más que una mera declaración, y el “Estado empresario” hasta ahora ha sido un fiasco, tal como lo hemos advertido muchos desde el principio. YPFB no termina de arrancar, aunque la gerencia asignada a Christian Inchauste ha dado importantes pasos hacia a delante, a diferencia de las otras divisiones; ENTEL funciona gracias a que no ha cambiado nada de la gestión de los italianos; BOa es una máquina de perder plata pues todo es subvencionado para poder competir (suciamente) con Aerosur; la minería anda muy bien pero no es sostenible, ni financiera ni ambientalmente; y el resto de las empresas estatales son ficticias, de papel.

La verdad es que Bolivia sigue viviendo de las exportaciones de materia prima, ahora más que nunca, que el crecimiento es absolutamente insuficiente, la inversión privada, sea extranjera directa o local, es vergonzosamente pequeña, y el desempleo real y el subempleo (es decir, la autoexplotación), no el desempleo abierto que es una gran mentira en una economía tan informal como la nuestra, goza de muy buena salud. No basta la generación de riqueza, decíamos. También hay que generar empleo, empleo digno, empleo de calidad, empleo sostenible, sitios donde uno pueda hacer carrera, jubilarse, tener la seguridad suficiente para criar a los hijos y cuidar su salud. También hay que mejorar la calidad de vida, la calidad de los servicios públicos a todo nivel, las prestaciones estatales. Y sobre todo, con este fin, hay que generar las condiciones necesarias para el crecimiento de la pequeña economía local, para que sea competitiva, para que mejore cada vez más su productividad, para que el umbral de esa productividad baje notoriamente, para que, finalmente, genere más empleo pero sobre todo mejor empleo.

Solo un apunte más, si la economía va tan bien, ¿por qué diablos seguimos en estricta austeridad en el Estado? Los sueldos del sector público siguen congelados desde hace diez años, es más, se han ido reduciendo notablemente desde hace cinco

Esteban

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Posted in: Evadas