Tanto lío por una bandera

Posted on 06/07/2011

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Los gobiernos autónomos del Departamento y del Municipio de La Paz se han enfrascado en una disputa sobre un tema puramente protocolar, cuando faltan solo días para el inicio de las celebraciones de los 202 años del Grito Libertario del 16 de Julio, en torno a qué autoridades debieran izar las banderas en el acto oficial programado para esa fecha.
¡Vaya frivolidad! Pensará el caro lector. En apariencia, así es, una tontera como ésa realmente no merecería semejante encono. Y sin embargo, hábiles políticos ambos protagonistas, haciendo los cálculos respectivos y con toda premeditación, los dimes y diretes están a pedir de boca. Y es que este tema que parece tan trivial es, en realidad, de mayúscula importancia en este mundo de simbolismos y realidades representadas.
Considérese como punto de partida que tradicionalmente el Alcalde anfitrión izaba la bandera paceña mientras simultáneamente el Presidente izaba la (entonces única) bandera boliviana, como signo protocolar de dos representantes electos que simbolizaban cierta unidad entre lo local y lo nacional. Hoy esta representación se desbarata, en base a ciertas teorías aplicadas a rajatabla por el MAS y que muchos no llegan a comprender, o quienes lo comprendemos no lo compartimos, al menos no como se ha planteado. Primero, se institucionaliza un concepto de dualidad indio/no indio, con la misma lógica de la complementariedad andina. Así hay dos símbolos, la tricolor y la wiphala; dos altos mandatarios (casi como los procónsules romanos), Evo y Álvaro; dos universos complementarios, el urbano y el rural, representados por el Alcalde y el Gobernador, respectivamente. El problema es que solo hay tres mástiles: la bandera paceña es la de todo el Departamento, no hay una bandera diferente de la ciudad de La Paz. Y para colmo el representante de la ciudad es opositor. Ergo, en esta construcción (i)lógica, no hay espacio para Luis Revilla. El Gobernador propone como solución el poner un cuarto mástil, lo cual no parece irracional, pero implica de la manera más insultante que el Alcalde es la quinta rueda del carro, el convidado de piedra, casi un “colado”.
La respuesta lógica del municipio es que pudiéramos prescindir del Vicepresidente, al no tener una vinculación territorial con el festejo, lo cual no implica de manera alguna un desaire. O bien, como se hizo ya antes, dejar los festejos de la fundación de La Paz (20 de octubre) a la Gobernación y ocuparse la ciudad de las fiestas julianas.
O finalmente, un alternativa es hacer otro acto, masivo y popular, donde solo el Alcalde ice una bandera, digamos en la Plaza Mayor de San Francisco, si es que ésta se termina a tiempo. Sería un golpe muy duro para el Gobernador y por ende para el Órgano Ejecutivo del Estado Plurinacional (vaya trabalenguas), una negación de representación muy peligrosa y explosiva, pues está claro que el Alcalde en la ciudad tiene la posibilidad de convocar mucha más gente y ponerla en contra del oficialismo. Al ser La paz sede del gobierno, a diferencia de Santa Cruz por ejemplo, un tal desaire podría traer consecuencias muy graves, y finalmente resultaría ser una irresponsabilidad de parte del gobierno local azuzar así a las masas. Y sin embargo, no hacerlo podría interpretarse como una grave señal de debilidad y sumisión.
La encrucijada resulta, por lo tanto, un problema de juegos de poder muy grave, siendo la necedad de jalar una pitita mientras se escucha un himno una simple escusa. Una vez más, el partido de gobierno provoca sin motivo alguno una pelea de la que puede salir muy mal parado. ¡Qué manía!
Esteban

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