Vote nulo, pifiado o en papel higiénico

Posted on 03/08/2011

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Toda esta charla sobre la anulación del voto del próximo 16 de octubre o incluso su conversión en alguna especie de plebiscito me recuerda a un graffiti escrito hace ya varios años por los siempre simpáticos militantes del POR, que rezaba “vote nulo, pifiado o en papel higiénico”. Para el POR, la justificación para el refinado slogan se hallaba en que el acto eleccionario, según la doctrina trotskysta, lo mismo que otras igual de radicales, resulta ser una farsa destinada a eternizar en el poder a la clase dominante.

En el caso específico de la votación, que no elección, para designar a las autoridades del Órgano Judicial, este mismo argumento parece tener mucho sentido. Tanto, que incluso la más recalcitrante derecha ha iniciado una campaña a favor del voto nulo.

Que quién se copió de cual, que quién lidera este movimiento anti elecciones del 16 de octubre, o que cómo se diferencian opositores de uno y otro bando en este discurso resulta poco relevante, e incluso contraproducente. Acá se trata de hacer bloque y detener, o al menos con absoluta claridad rechazar y deslegitimizar, antes de que sea tarde, un proceso por el cual claramente el partido gobernante en su plan hegemónico terminará de someter a su criterio y voluntad los pocos espacios de la judicatura en los que todavía existe algo de dignidad. Todo lo demás es pura literatura.

Las señales son demasiado claras para ignorarlas. Por una parte, un sistema judicial sometido, apocado y totalmente desprestigiado intenta desesperadamente hacer buena letra con el gobierno con la persecución, instruida o no desde el Ministerio de Gobierno, de todo y cualquier líder opositor que se atreva a hacerle frente al régimen, o ni siquiera eso, sino a todo el que pueda potencialmente resultar incómodo, incluida gente que nada tiene que ver con la política partidista. Por otra, la forma en la que se han elaborado las listas de “candidatos” ha sido de todo menos transparente, por decir lo menos. El trabajo de la comisión ha sido vergonzoso, las personas calificadas tienen realmente poco mérito profesional – para ilustración, baste decir que, con un adecuado padrino masista, este humilde opinador podría tranquilamente haber postulado a algún cargo – y ni siquiera se han cumplido las mismas reglas que el MAS impuso al no verificarse los cupos de representación Indígena Originaria. Y como cereza que adorna la torta, el Tribunal Supremo Electoral, quién sabe con qué fines, se empecina obsesivamente en amenazar y amedrentar a quien se atreva a opinar públicamente sobre este proceso, confundiendo conceptos de tal suerte que hasta el autor de estas líneas pudiera acabar con sanciones hasta penales por el solo hecho de publicar estas líneas. De nuevo, gracias a un sistema judicial obsecuente, la amenaza suena bastante real, por más absurda que sea la argumentación legal del señor Wilfredo Ovando.

El voto puede anularse de distintas maneras, por ello el título de la presente entrega. Poco importa – nadie los va a contar de manera separada – si es escribiendo un gran “no”, poniendo una gran cruz encima de toda la papeleta, escribiendo un poema o, en el lado opuesto de lo que es estético, manchando el papel con algún tipo de materia biológica, el efecto es exactamente el mismo: se acabará eligiendo nomás a los candidatos que puso el MAS, las elecciones no se anularán ni mucho menos, pero al menos se habrá manifestado con absoluta claridad el desacuerdo de lo que espero sea la mayoría de los votantes con un proceso mal llevado, manipulado y mañudo, lo cual dará un mensaje muy claro al gobierno de que no tenemos porqué aguantar tomaduras de pelo. Al fin y al cabo, por algo en democracia el soberano es el pueblo – todo el pueblo. Que se pronuncie pues el soberano.

Esteban

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