¡En qué país estamos!

Posted on 14/09/2011

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Desde la denigración pública de las naciones indígenas del Oriente hasta las vinculaciones con el narcotráfico, desde el intento de toma por la fuerza de las competencias territoriales sobre el municipio deLa Pazhasta la implacable e incesante persecución política a personas ejemplares, desde la simulada elección de autoridades judiciales hasta la intercepción de comunicaciones telefónicas, todo lo que ocurre parece haber puesto de cabeza nuestra amada Patria.

El Estado de Derecho es por completo inexistente, la democracia una mofa y el progreso solo existe para quienes se dedican a las más dudosas actividades. Nadie está libre de ser mellado, humillado públicamente y privado de su libertad personal, basta ser incómodo para el régimen y a penas suficientemente relevante. La situación es, pues, crítica.

Después de que sean posesionadas las autoridades judiciales “electas” este 16 de octubre, ¿qué puede esperar un simple ciudadano, como el que escribe estas líneas? No existe la más mínima garantía procesal,la Constituciónpor la que el mismo partido de gobierno ha dado tanta pelea resulta ser un saludo a la bandera, o peor, un instrumento para atemorizar, amedrentar y someter a quienes considera sus “enemigos”, independientemente de la culpabilidad o inocencia del encausado, independientemente de la legitimidad de las demandas de las fuerzas sociales que ruegan su correcta aplicación, independientemente de la vigencia en la comunidad internacional de normas tan importantes comola Cartade los Derechos Humanos o el Pacto de San José de Costa Rica.

Encontrarme hoy al medio de esta vorágine, de la manera más fortuita e involuntaria, plantea el enorme desafío y responsabilidad de elevar el tono de mi voz, para denunciar abierta y claramente los abusos cometidos por el circunstancial poder estatal. Hasta ahora, he tratado de usar un lenguaje cauto y objetivo. A riesgo de convertirme en uno más de los tantos y tantos perseguidos políticos, hoy no me queda más opción que gritar a viva voz ¡basta! ¡Basta de violación sistemática de los derechos humanos, individuales y colectivos! ¡Basta de este régimen de terror y amedrentamiento!

El país que teníamos ciertamente no era el ideal. Muchas cosas estaban francamente mal, la democracia era ciertamente incompleta, el Estado de Derecho incipiente, la institucionalidad coja. Pero al menos existían. Al menos, algunas personas, como quien pone su nombre a esta protesta airada, podíamos saber que no nos iban a intentar callar por denunciar a los sinvergüenzas encaramados a su sillón. Hoy todos somos amenazados, o nos sumamos al pensamiento único y aplaudimos las sandeces que se declaman desde el trono, o nos convertimos en enemigos públicos. Por ello, reafirmo, con mayor convicción que nunca, que un gobierno, sea cual sea, jamás podrá ser revolucionario, y que un verdadero revolucionario jamás puede aspirar a un cargo de gobierno.

Esteban

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