Indignados, muchos indignados

Posted on 19/10/2011

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Cuando los internacionalistas de fines del siglo XIX y principios del siglo XX soñaron con algún día lograr una revolución mundial, fue porque veían sorprendidos cómo la era naciente permitía llevar un manifiesto de París a Moscú en “solo” un par de semanas. Poco se imaginaban que un siglo después estas comunicaciones serían inmediatas, y que en el mundo entero, no solo el mundo europeo como lo veían incluso estos grandes revolucionarios, podría comunicarse en tiempo real, convocar a la movilización de masas y preparar la resistencia civil.

Pero a fines del siglo pasado, es decir cuando a mi me tocó ser “revolucionario”, el movimiento altermundista que denunciaba la globalización poco imaginaba que los propios instrumentos de esta supuesta nueva dominación serían los que darían las esperanzas de finalmente romper las cadenas. La lucha contra la desmedida avaricia de las grandes corporaciones usa la creación de una de las corporaciones más ambiciosas, Facebook, para generar la masa crítica necesaria para tumbar dictaduras y ocupar Wall Street.

Pero esa no es la única ironía. En Bolivia, como en Libia, Venezuela, Irán o Siria, el pueblo parece darse cuenta que lograr el poder político, ocupar el mando del falaz Estado-nación no ha sido la solución. Más temprano que tarde, al menos por estas latitudes, el gobierno supuestamente formado por la insurrección popular termina dando la espalda a sus propios constituyentes. La explicación es muy simple: no es posible rebelarse contra uno mismo, y por lo tanto o se es rebelde, o se es gobierno. Es imposible ser los dos.

El movimiento de los indignados en Europa, de los jóvenes que tomaron Wall Street, pero también de los indígenas del TIPNIS en Bolivia, o de los mapuches en Chile, de los estudiantes y obreros también en Chile, en fin, el claro mensaje de la sociedad civil del mundo, de proletarios, pueblos y naciones originarias, de las comunas, de estudiantes y organizaciones conscientes, el que grita que otro desarrollo es posible, el que se rebela contra la captura del poder por el dinero, no puede, no debe exigir la toma del poder, volverse de nuevo instrumental a los cantos de sirena de los sillones presidenciales.

Nuestra experiencia en Bolivia debe ser aleccionadora: hemos perdido 6 valiosos años de rebelión y avance social engatusados por la falaz “victoria” del 2005, le hemos regalado en bandeja el poder a un nuevo dictador, hemos aplaudido la muerte del Estado de Derecho, hemos linchado a todos los que nos parecían representar el ancien régime, sin reparar en culpas o inocencias, nos hemos convertido en aquello contra lo cual luchamos durante la corta primavera boliviana. Hoy se nos abre una nueva oportunidad. La pregunta es si cometeremos el mismo error, si volveremos a regalarle nuestra soberanía y nuestra dignidad a algún nuevo caudillo.

Esteban

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