La absurda invención del “Feminicidio”

Posted on 23/11/2011

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Odio y deploro toda forma de discriminación y violencia hacia las mujeres, incluyendo la violencia verbal emergente de los chistes misóginos de nuestro querido Presidente. El machismo es una de las peores taras de nuestra sociedad, que para empeorar las cosas se traslada muy fácilmente a las esferas de la seguridad de las personas y de la política, sobre todo la política local en los municipios pequeños. Odio la hipocresía y la doble moral que caracteriza al 90% de las personalidades públicas que hacen discursos patronizando a las mujeres cada que festejan los ya demasiados días dedicados a la “otra” mitad de la población. Para mi, si quieren dejar de ser machistas, deberían empezar por eliminar todos esos homenajes a las “abnegadas” mujeres, pues es una más de las tantas formas de violencia simbólica y patriarcal que tenemos los hombres – tanto como la odiosa canción de Arjona.

Y aún con todo esto en consideración, no entiendo el nuevo invento que quieren poner de moda los mismos discurseadores paternalistas que menciono arriba. Seguramente habrá el amable lector oído o leído que en varias partes del mundo, incluyendo nuestra Bolivia, se intenta crear un nuevo tipo penal denominado “feminicidio”. Que me disculpen los y las feministas reales e imaginarios, pero sinceramente creo que toda muerte de un ser humano provocada por otro ser humano con premeditación, con alevosía o con ventaja se llama “asesinato”, y hace acreedor a su autor a la máxima pena que su sistema legal permita, en nuestro caso, 30 años de presidio sin derecho a indulto. Si esto ya es asi, hace mucho pero muchos años, ¿para qué vamos a inventar una figura nueva? Es más, la figura del feminicidio se explica por el ensañamiento o motivación misógina del autor, un odio irracional (como si hubiera uno racional) hacia las mujeres. Siendo esto así, veo como abogado mucho muy difícil poder demostrar ante un tribunal que el imputado albergue tales sentimientos. Y al confesión tampoco hace prueba, así que el que el propio autor admita su misoginia tampoco sirve. Resultado de esto, para mí bastante obvio, es que el autor de tan horrendo crimen terminará libre por falta de pruebas y por tanto de tipicidad. No hay feminicidio sin misoginia. En cualquier caso, resulta mucho más factible demostrar la alevosía y la ventaja, pues hay siempre signos físicos que un buen examen forense puede servir para probar.

El afán por mostrar supuestos resultados y avances en la protección de los derechos de los grupos de atención prioritaria – en este caso las mujeres en situación de vulnerabilidad – nos ha acostumbrado a la manía de cambiarle el nombre a las cosas, al eufemismo o a la vuelta de tuerca, y este caso no escapa de tal mala costumbre. Al final de cuentas, dejar de llamar a la persona que sufre de parálisis “discapacitado” para llamarlo “persona con capacidad diferente” no hace daño, aunque sea un poco tonto, así que dejamos normalmente pasar estos temas y hasta nos acostumbramos a ellos. Tanto, que en éste párrafo he usado dos veces este tipo de eufemismos y, seguramente, el lector ni cuenta se ha dado de cuáles son. Pero en el caso que hoy nos ocupa, como se ha explicado, las consecuencias sí pueden ser graves. Repito por la importancia del tema: crear un nuevo tipo penal denominado “feminicidio” no hará más que tapar, ocultar, invisibilizar el fenómeno del asesinato por razones de género, que es asesinato puro y simple.

Propongo, más bien, que a partir de este 25 de noviembre, en vez de inventar nuevas palabras, redoblemos los esfuerzos para atacar las causas de este terrible fenómeno.

Esteban

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