Evolatría

Posted on 15/02/2012

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El muy reciente anuncio de Su Excelencia sobre la compra de la casona de la Potosí y Ayacucho para construir ahí un nuevo palacio de gobierno nos ha dejado patidiufusos. Nada sería el desprecio a la historia del Palacio Quemado, modesto en tamaño pero riquísimo en el imaginario colectivo boliviano, o el riesgo que corre esta otra casona, patrimonial y de preservación absoluta, de que lo conviertan en un mamotreto plurinacional más feo que el museo de la calle Tiwanaku y el monoblock de la UMSA cruzados. Ni siquiera el malgasto de dineros que, al igual que con lo del avión, las docenas de Land Cruiser Prado, las motos BMW, el satélite que ya está gestando un hermanito antes de haber nacido, y las farras en la Casa Campestre, podrían ser gastados de mil mejores maneras.

Lo que realmente debe preocuparnos es el narcisismo, la egolatría del Primer Mandatario. Hace rato sabemos que el fan número 1 de Evo Morales es Evo Morales, pero la idea de construirse un palacio en su propio honor es el acto más evólatra que haya cometido el Hermano Presidente en sus seis años de gobierno. El construirse un palacio para sí es algo que harían hoy en día los dictadorcillos de Oriente Medio (Al Assad, Ahmadineyad y gente por el estilo) y que, en general, ha sido característico de los regímenes absolutistas, tanto monárquicos como populistas.

Claro, nuestro Estado no tiene ni remotamente el dinero necesario para hacer una versión andina del Palacio de Invierno (algún urbanista oficioso opinaba en la radio que además debería ser esto en las afueras de la ciudad, tipo Versalles), pero aún con la modestia impuesta por las limitaciones presupuestarias, el insultar al pueblo, o peor, el hacerle creer en un simbolismo descarado que el poder es suyo al ponerle un nombre hipócrita como “Casa del Pueblo” y gastarse quién sabe cuántos millones para que Evo se sienta más cómodo, tiene exactamente el mismo efecto.

Sirva este espacio para llegar, finalmente, a una advertencia: cuidado que la egolatría se convierta en megalomanía. Bertrand Russell decía que la única diferencia entre el narcisismo y la megalomanía es que el megalómano desea ser poderoso en lugar de encantador, y busca ser temido en lugar de amado.

Esteban

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Posted in: Evadas